A  S  T  R  O  B  I  O  G  R  A  F  I  A  S 


 

Alfred Lothar Wegener

(Berlín, 01 de noviembre de 1880 / Groenlandia, 02 de noviembre de 1930)

 

emperatriz_guerrero.jpg

Por: Emperatriz Guerrero.

Asociación Larense de Astronomía, ALDA.

 

Alfred Wegener fue un meteorólogo y astrónomo alemán, considerado uno  de los padres de la geología moderna, quien propuso la Teoría de la Deriva Continental.

 

Fue el menor de cinco hermanos, Willy  (1870-1888), Tony  (1873-1934), Kurt Friedrich  (1878-1964)  y Käte  (1879-1884), hijos de Franz Richard Wegener y Anna Schwarz.  Su padre fue un pastor luterano, teólogo y profesor de lenguas clásicas del liceo  (gymnasium)  Graue Kloster en Berlín.

 

Wegener asistió al instituto de segunda enseñanza en el barrio Neukölln de Berlín, donde se graduó como el mejor de su clase.  Posteriormente, de 1900 a 1904 estudió física, meteorología y astronomía en Berlín, Heidelberg e Innsbruck. Entre 1902 y 1904 trabajó como astrónomo en el observatorio de la Gesellschaft Urania  (Asociación Urania)  en Berlín.  A finales de 1904 presentó su tesis doctoral ante la Universidad de Berlín titulada Die Alfonsinischen Tafeln für den Gebrauch eines modernen Rechners  (Uso de las Tablas Alfonsinas para un cálculo moderno), dirigida por el astrónomo y geodesta Wilhelm Foerster (1832-1921), en la que analizaba la teoría astronómica del rey Alfonso X El Sabio para la determinación de las órbitas planetarias.  Su tesis fue calificada en marzo de 1905 con los máximos honores como sagacitatis et industriae specimen laudabile” (modelo de perspicacia y aplicación digno de alabanza), publicándose ese mismo año y concediéndole el doctorado en astronomía.  Sin embargo, más tarde se interesó y estudió meteorología, rama de la Ciencia a la que se dedicó finalmente y de la que partiría su interés hacia la geofísica, a la cual dedicó su vida y obra más emblemática.

 

En este sentido, entre 1905 y 1906 trabajó como asistente técnico en el recién creado Königlich-Preussischen Aeronautischen Observatorium  (Real Observatorio Aeronáutico Prusiano)  en Lindenberg, junto a su hermano Kurt, también meteorólogo y con quien compartía el interés por las observaciones prácticas, de donde ésta experiencia fue para él definitiva.  Para ese momento, la meteorología era un campo científico en rápido desarrollo aunque no muy prestigioso.  Uno de los pioneros en el uso y construcción de globos sonda y cometas para el estudio de la atmósfera, junto a Kurt logró entre el 05 y el 07 de abril de 1906, en una competición internacional de globos, el récord mundial de vuelo ininterrumpido con 52,5 horas, en un aparato construido por él mismo.

 

Naturalmente, los hermanos no podían desperdiciar la oportunidad de tomar datos, así que registraron no sólo observaciones astronómicas, meteorológicas y aerológicas, sino que también comprobaron la seguridad del clinómetro de burbuja(1) como instrumento para la navegación aérea.  Los resultados fueron publicados por Kurt Wegener en el artículo Das meteorologische Ergebnis der 52stündigen Ballonfahrt (Resultados meteorológicos del vuelo de 52 horas en globo),  en la Meteorologische Zeitschrift  (Revista Meteorológica).

 

Su primer viaje a Groenlandia lo realizó de 1906 a 1908 con la expedición a cargo del danés Ludvig Mylius-Erichsen, conocida como Expedición de Dinamarca, la cual exploró la costa noreste de la isla. En esta ocasión, Wegener estudió la circulación de las masas de aire en las zonas polares empleando globos aerostáticos, los cuales aún eran una novedad. Aunque no hablaba danés, trabó amistad con el explorador y Capitán de la Armada Real danesa Johan Peter Koch, con quien regresaría al ártico en 1912-1913.

 

La oportunidad de viajar a Groenlandia en una etapa temprana de su formación, contribuyó de forma decisiva al pensamiento integrador de Wegener, ya que más allá de la evidente relación entre la capa de hielo y la meteorología, la observación del paisaje lo llevó a pensar también en su conexión con la glaciología, la geomorfología y la geología. A pesar que durante la expedición fallecieron tres miembros principales, entre ellos el propio Mylus-Erichsen  (1907), se estableció un puerto seguro, Danmarkshavn, en el cual se ubicó una estación meteorológica, y una segunda en Mørkefjord, al oeste de la primera;  se cartografió la costa entre el cabo Bridgman y el cabo Bismark, y se hallaron restos de construcciones inuit. Con la información recopilada se publicaron más de 51 informes, entre ellos es del propio Wegener: Drachen- und Fesselballonaufstiege. (Danmark-Ekspeditionen til Grønlands Nordøstkyst 1906–1908, tomo II, Nº 1) [Ascensiones en globo dragón y cadena.  (Expedición de Dinamarca a la costa noreste de Groenlandia 1906-1908, Tomo II, Nº 1)](2).

 

En 1909, Wegener ingresó como Privadotzen(3) de meteorología, astronomía y física cósmica práctica en la Universidad de Marburgo.  Entre 1909 y 1910 se dedicó a su libro Thermodynamik der Atmosphäre (Termodinámica de la atmósfera) (1911), el cual le atrajo excelentes críticas, y comenzó a labrarse un nombre como físico atmosférico.

 

En 1910 llegó a sus manos un escrito del naturalista alemán Alexander von Humbolt (1769-1859), donde llamaba la atención sobre el ajuste entre las costas de Sudamérica y África.  En un principio, Wegener consideró esto como una simple coincidencia. Pero en 1911 leyó una copia del Andrees Allgemeiner Handatlas donde se señalaban las similitudes costeras entre las mismas zonas continentales. Es entonces cuando se empieza a tomar estas coincidencias en serio y empieza a trabajar para tratar de explicarlas.  Probablemente las masas continentales se habían separado por las líneas de costa. En un principio relacionó el movimiento de los continentes o desplazamiento continental como lo llamó inicialmente, con las mediciones geodésicas que había tomado en Groenlandia.  Simultáneamente y de forma independiente, dos científicos estadounidenses, Frank Taylor  y Howard Baker, comienzan a desarrollar la misma idea.

 

 El 06 de enero de 1912, en el encuentro anual de la Deutsche Geologische Gesellschaft (Sociedad Geológica Alemana) en Frankfurt, presenta sus primeras ideas en la disertación Die Herausbildung der Grossformen der Erdrinde  (Kontinente und Ozeane) auf geophysikalischer Grundlage  (La formación de las grandes masas de la corteza terrestre (continentes y océanos) sobre una base geofísica),  y en julio de ese año publica el artículo Die Entstehung der Kontinente  (El origen de los continentes), en el que señalaba:

 

En las páginas que siguen se hará un primer intento provisional de interpretar los principales caracteres de la superficie terrestre, es decir, los continentes y las cuencas oceánicas, mediante un principio genético global, el principio de movilidad horizontal de los bloques continentales…  .A pesar de estar bien fundamentado, considero el nuevo principio como una hipótesis de trabajo y me gustaría que se viera como tal, al menos hasta que sea posible probar por posicionamientos astronómicos con una precisión indudable que los desplazamientos horizontales continúan en la actualidad. Además, no es superfluo señalar que esto es un primer esbozo. Un examen más detallado de la hipótesis nos enseñará probablemente que es necesario modificarla en muchos aspectos.  (Wegener, 1912, pp. 27-28).

 

Ese mismo año participa en una segunda expedición a Groenlandia junto a Johan Peter Koch, la cual fue la travesía a pie más larga por el casquete polar.  Dentro de la planificación, Wegener estuvo a cargo de una expedición a Islandia a principios de julio de 1912, la cual atravesó el glaciar Vatnajökull y efectuó estudios meteorológicos.

 

A su regreso en 1913, se casó con Else Köppen, hija de su profesor y mentor Wladimir Köppen, meteorólogo. La pareja tuvo tres hijas, Hilde, Sophie Käte y Hanna Charlotte. Se instalaron en Marburgo y Wegener retomó sus cátedras.

 

Al estallar la Primera Guerra Mundial (1914), Wegener se enlistó y sirvió como teniente de infantería del 3er. regimiento de granaderos Queen Elisabeth.  En un avance militar en Bélgica fue herido en dos oportunidades, la segunda en el cuello, siendo retirado del frente y enviado a convalecer, tiempo que aprovechó para proseguir con sus notas sobre el principio de movilidad horizontal que había propuesto.

 

Cuando regresó luego de recuperarse, fue asignado al servicio de meteorología del ejército en Bulgaria y Estonia. A pesar que esta labor requería que se movilizase entre las distintas estaciones meteorológicas, siguió madurando su teoría de movilidad continental y en 1915 publicó la primera versión de la obra por la que sería conocido: Die Entstehung der Kontinente und Ozeane  (El origen de los continentes y los océanos).  En 1916 calculó a trayectoria y probable lugar de impacto del meteorito Treysa o meteorito Rommershausen, basándose en los relatos de testigos presenciales. Un guardia forestal de apellido Hupmann logró hallarlo el 05 de marzo de 1917 muy cerca del sitio calculado, obteniendo los 300 Reichsmark de recompensa.

 

Hasta 1918 se había venido desempeñando como profesor de la Universidad de Dorpat  (Tartu, Estonia), pero en 1919 regresó a Marburgo.  En 1921, siendo Privadotzen de Geofísica en la Universidad de Hamburgo, publicó Die Entstehung der Mondkrater  (El origen de los cráteres lunares), en donde discute las hipótesis previas que existían  (burbuja, mareal y volcánica), sus experimentos de laboratorio a favor de la hipótesis del impacto, y analiza distintos aspectos geológicos de la superficie lunar en comparación con la de la Tierra, siendo partidario de su origen común por acreción.

 

En la primavera de 1922, junto a su colega Erich Kuhlbrodt, viajó al Caribe y el Golfo de México para realizar mediciones de la alta atmósfera tropical con miras al desarrollo de los vuelos transoceánicos. Los resultados los publicaron en el artículo  Pilotballonaufstiege auf einer Fahrt nach Mexiko, Marz bis Juni 1922  (Ascenso de un globo piloto en un viaje a México, de marzo a junio de 1922).  En este mismo año publica la tercera edición revisada de El origen de los continentes y los océanos. En ésta, reconstruyó las posiciones que debían tener los continentes hacía 300 millones de años y los encaja en uno solo, llamándolo Urkontinente(4) más tarde conocido como Pangea. Para entonces, su teoría se había difundido internacionalmente en el ámbito científico.

 

Entre 1919 y 1923, Wegener se había dedicado a su libro Los climas en el pasado geológico, en el cual procuró sistematizar la naciente paleoclimatología en relación con su Teoría de la Deriva Continental, la cual publicó en 1924 junto con su suegro. Además, publicó alrededor de otros 20 trabajos en las áreas de meteorología y geofísica.

 

En 1924 reemplazó a su suegro como Director de Departamento de Meteorología en el Deutsche Seewarte (Observatorio Naval Alemán) en Hamburgo, y ese mismo año  finalmente la Universidad de Graz en Austria le ofreció la cátedra de Meteorología y Geofísica en calidad de profesor titular.  Nunca una universidad alemana le concedió algo más que el título de Privadotzen, probablemente por la teoría que había propuesto. Ese mismo año, la Asociación de Geólogos de Estados Unidos, realiza en Nueva York un simposio para debatir su teoría. La idea de una Tierra móvil y dinámica desagradaba de forma particular a los geólogos norteamericanos, por cuanto la mayor parte de las pruebas se habían recolectado en continentes del hemisferio Sur, con los que no estaban muy familiarizados. Wegener no asiste, previendo el rechazo de sus ideas. En efecto, éstas fueron severamente cuestionadas, especialmente por el geólogo Rollin T. Chamberlin y el presidente de la Sociedad Filosófica Norteamericana W. B. Scott.

 

El origen de los continentes y los océanos  (1929)

 

 

Aún con la gran mayoría de geofísicos y geólogos en su contra, en 1929 publicó una cuarta edición de El origen de los continentes y los océanos, en la cual sintetiza su pensamiento científico:

 

La combinación de toda la información que nos aporta el conjunto de las Ciencias de la Tierra nos da la esperanza de alcanzar «la verdad», o sea, la imagen más probable…  Más aún debemos estar preparados ante la posibilidad de que otros descubrimientos, aportados por cualquier ciencia, puedan modificar nuestro modelo…  (En Del Pino, 2013-2014).

 

Estaba consciente de la relación entre los distintos procesos geológicos  (sismicidad, vulcanismo, eustatismo, entre otras), que debían estar relacionadas con la fuerza que permitía desplazar las masas continentales, de donde es uno de los primeros científicos que tuvo una visión interdisciplinaria de las causas de un hecho y de su integración en la resolución de problemas científicos.

 

Ese mismo año, a petición de Johannes Georgi, uno de sus colegas y amigo de larga data, realizó una tercera expedición a Groenlandia, en preparación de la cuarta y última que haría al año siguiente en nombre del gobierno alemán, a pesar de saber los riesgos que corría por los problemas cardíacos que venía padeciendo.  Aunque el objetivo principal era medir la profundidad de la capa de hielo y las corrientes de chorro  (jet stream), Wegener pensaba obtener mediciones geodésicas para contrastarlas varios años después, en un intento por demostrar el desplazamiento de Groenlandia hacia el oeste con respecto a Europa y validar su teoría de deriva continental.

 

Luego de muchos contratiempos, la expedición final partió hacia la estación de invierno denominada Eismitte (“En mitad del hielo”) en septiembre de 1930, con 15 trineos y 4.000 libras de suministros. Pero la crudeza del frío extremo hizo que casi todos desistieran de proseguir. Los pocos que continuaron, entre ellos Wegener y un groenlandés, siguieron hacia la estación donde Georgi y otros esperaban los suministros para soportar el tiempo de expedición. Cinco semanas después llegaron a su destino.  Pero dado que eran necesarias más provisiones, al día siguiente Wegener y el groenlandés Rasmus Villumsen volvieron al campamento base, a pesar de las temperaturas registradas de -54 ºC. No está claro si esto fue una decisión del grupo de exploradores o si partió del propio Wegener. Sin embargo, no lo consiguieron.  Wegener murió un día después de su quincuagésimo cumpleaños, y la misma suerte corrió su compañero. Su cuerpo fue hallado el 08 de mayo de 1931, envuelto en una bolsa de dormir y cubierto por una piel de reno.  Sus manos no mostraban signos de congelamiento, de donde se deduce que no murió de frío, sino dentro de su tienda, probablemente por un paro cardíaco por el esfuerzo excesivo y la extenuación. El cuerpo de Villumsen nunca se recuperó, así como tampoco el diario de Wegener.

 

Su esposa Else declinó el ofrecimiento del gobierno alemán de recuperar el cuerpo y honrarlo con un funeral público, y prefirió que fuese sepultado en el mismo lugar, un glaciar que se desplaza hacia el océano, en el cual algún día se desprenderá llevándolo como el barco funerario del vikingo errante que, como ella bromeaba, habitaba en el espíritu de Wegener.

 

¿Qué proponía la Teoría de Deriva Continental y por qué no fue aceptada?  Del mismo modo que el rechazo a las ideas de Giordano Bruno, Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Gregor Mendel o Charles Darwin, para responder a estas preguntas es necesario ponerlas en el contexto de las teorías y conocimientos que se tenían como válidos para ese entonces.  Ya en 1620, Francis Bacon en su Novum Organum señalaba el parecido de las líneas de costa suramericana y africana, y en el siglo XVIII el Conde de Buffon y Alexander von Humboldt también lo reseñaron. En 1858, el geógrafo francés Antonio Snider-Pellegrini (1802-1885) sugirió que tal vez América y África estuvieron unidas en otra época formando una masa única, separándose después por el enfriamiento de la corteza terrestre, realizando la primera reconstrucción gráfica antes y después de su separación.  Más tarde, en 1906, el geólogo italiano Federico Sacco propuso que los continentes podían agruparse como piezas de rompecabezas en un súper continente único y estableció algunas conexiones geológicas entre continentes. Sin embargo, éstas fueron ideas aisladas poco difundidas, de modo que a principios del siglo XX se aceptaba la permanencia geográfica de los continentes y océanos.  Las montañas se explicaban como resultado de la contracción de la superficie terrestre por el enfriamiento gradual del planeta, y la existencia de fósiles idénticos a ambos lados del Atlántico era justificada por puentes de tierra, islotes, uniones ístmicas e incluso por arrastre tipo rafting.

 

La diferencia entre las explicaciones anteriores a la teoría de Wegener, es que éste no se basó únicamente en las similitudes de costas, sino que ahondó en la información geológica, paleontológica y paleoclimática disponible en ese entonces para integrarla en un conjunto coherente, discrepando abiertamente con las explicaciones de su tiempo. Como resultado, concluyó que la única forma en que todas las evidencias tuviesen sentido, era considerar la existencia de una masa de tierra única en el pasado. Para ello, consideró el encaje de los continentes pero a nivel batimétrico comparando los bordes de las plataformas continentales; se apoyó en las evidencias fósiles tanto en cuanto a su presencia  (Mesosaurus) como en su distribución climática  (Glossopteris)  lo cual indicaba no sólo una unión continental sino también una variación en latitud;  y tomó en cuenta la distribución actual de organismos modernos con antepasados comunes (Marsupiales) los cuales debieron evolucionar por separado a partir de los últimos millones de años.

 

En el mismo orden de ideas consideró las semejanzas geológicas y litológicas entre cinturones montañosos que finalizan en líneas de costa y que reaparecen del otro lado del océano  (Los Apalaches-Montañas Caledónicas).  Para Wegener, esto representaba una evidencia clave, y al respecto escribió  “…es como si fuéramos a recolocar los trozos rotos de un periódico juntando sus bordes y comprobando después si las líneas impresas coinciden.  Si lo hacen, no queda más que concluir que los trozos debían juntarse realmente de esa manera.” (Tarbuk y Lutgenz, 2000, p. 427). Finalmente, como buen meteorólogo, tomó en cuenta las evidencias paleoclimáticas que indicaban desplazamientos de masas de hielo de igual edad en zonas actualmente ecuatoriales  (capas de till glaciar en India y Australia), mientras existían bosques tropicales en latitudes medias y altas  (depósitos de carbón al este de Estados Unidos, en Europa y Siberia), lo cual sólo se explicaba reuniendo las masas de tierra en un súper continente en el cual las actuales zonas tropicales estarían hacia el Sur y las actuales masas septentrionales más cerca del Ecuador.  Al respecto escribió “Esta prueba es tan convincente que, por comparación, todos los demás criterios deben ocupar una posición secundaria.”  (Tarbuk y Lutgenz, ob.cit., p. 428).

 

Integrando estos datos desarrolló su teoría, proponiendo la existencia de un súper continente, Pangea, el cual comenzó a fragmentarse 200 millones de años atrás y cuyos fragmentos  “derivaron” a sus posiciones actuales.

 

Teoría de la Deriva Continental.

 

 

La teoría de Wegener contradijo los modelos aceptados de geología, hoy denominados  “fijistas”  e incluso el modelo de isostasia; además, él no era geólogo ni geofísico sino meteorólogo, de donde fue tildado de ignorante e intruso en una ciencia en la cual no estaba formado.  El hecho de sus diversos intereses y las distintas áreas que su teoría involucraba también jugaron en su contra. Sin embargo, fue quizá esa incursión en un área en la que no tenía formación académica, la que le permitió una mirada distinta el problema y salirse de los patrones establecidos.

 

Aún así, en su momento fue apoyado por algunos geólogos, entre ellos el sudafricano Alexander Logie du Toit  (1878-1948) y el suizo Émile Argand  (1879-1940), para quienes la teoría de Wegener presentaba una explicación plausible a las relaciones geológicas y orográficas entre el sur de África y Sudamérica y la formación de Los Alpes respectivamente, y luego por  Arthur Holmes  (1890-1965), pionero de la geocronología.

 

El problema crucial por el cual no se aceptó de manera mayoritaria la Teoría de Deriva Continental fue debido a que sus pruebas eran circunstanciales.  El movimiento de los continentes es la consecuencia y no la afirmación de la teoría, y Wegener no pudo establecer de manera sólida la causa de dicha consecuencia. Así, ante la pregunta crucial de cuál fue la fuerza que provocó la fractura y posterior deriva de los fragmentos continentales, apeló a la influencia mareal de la Luna, siendo refutado por el geofísico Harold Jeffryes, quien señaló que la magnitud de la fricción necesaria para que esto ocurriera ya hubiese frenado la rotación de la Tierra.

 

Por otra parte, su teoría señalaba que los continentes atravesaban la corteza oceánica como un rompehielos y en este arrastre se formaban las montañas; sin embargo, no existían pruebas de la fragilidad del suelo oceánico, además de contradecirse al tratar de explicar de esta manera la formación de cadenas montañosas por resistencia del manto, el cual debía de ser débil para que los continentes lo pudiesen atravesar, pero al mismo tiempo fuerte para presentar resistencia al desplazamiento, algo que resultaba inconsistente. Otro problema fue que unos errores en sus datos originales le llevaron a señalar que América del Norte y Europa se separaban unos 150 cm por año, unas 100 veces la tasa real de separación. De cualquier forma, la edad que se consideraba para el planeta no daba margen para el tiempo que habría transcurrido entre la fractura de Pangea y las posiciones actuales de los continentes.

 

Las pruebas de Wegener apuntaban a que los continentes pudieron perfectamente haber estado unidos en una masa única y ahora no lo estaban, pero no explicaba qué fuerzas habían fracturado esa masa y los habían llevado a desplazarse o continuaban haciéndolo. Para él, la cuenca atlántica era consecuencia del desplazamiento, pero no llegó a intuir que en el fondo de ella se hallaba una pieza clave de la respuesta.

Al respecto, el geólogo argentino Víctor Ramos, investigador del CONICET y director del Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” (IDEAN, CONICET-UBA) señala:

 

Wegener estaba absolutamente convencido de sus ideas, pero se equivocó en cuanto al mecanismo del movimiento de la tierra (sic), y tampoco tenía edades confiables para los procesos geológicos…  Pero pereció tratando de medir el movimiento absoluto de Groenlandia y una persona que muere por sus convicciones merece el mayor de los respetos.”  (en Benialgo, 2012).

 

Sin embargo, a pesar que ni la teoría de Wegener ni ninguna otra explicaba de forma alterna y satisfactoria las evidencias que ésta exponía, la férrea oposición que desató se explica también por el conservadurismo y por la ideología de omnipotencia de la ciencia. Hay que recordar que el mismo Darwin no halló la solución al problema latente de su teoría:  las variaciones sobre las que actúa la selección natural, y del mismo modo tuvo críticas duras.  En el caso que nos ocupa, el que un meteorólogo pusiera en jaque algunos de los conceptos y certidumbres más asentados de la geología, implicaba la pérdida del status de los geólogos y la ciencia que representaban.

 

El rescate de las ideas de Wegener ocurrió tempranamente. En 1937, du Toit publicó Our wandering continents  (Nuestros continentes errantes), eliminando los puntos más débiles de la teoría original y aportando nuevas pruebas en su apoyo. Más tarde, Arthur Holmes en su libro de 1944 Principles of Physical Geology  (Principios de Geología Física), reabrió el debate, llevando eventualmente a la actual Teoría de Tectónica de Placas en los años 60.  Irónicamente, el principal cuestionamiento que se hizo a la Teoría de la Deriva Continental, las fuerzas que llevan al desplazamiento, aún no ha sido respondido satisfactoriamente.

 

De no haber muerto en 1930, el Dr. Peter R. Vogt (Laboratorio de Investigación Naval de los Estados Unidos, Washington, D.C.), experto en tectónica de placas, no duda que Wegener habría integrado los datos batimétricos del buque de investigación alemán “Meteor” sobre la Dorsal del Atlántico Medio, algo nada difícil para la naturaleza del pensamiento de Wegener, para darle un nuevo espaldarazo a su teoría. El mismo Vogt concluye:  "Wegener probablemente habría sido parte de la revolución de la tectónica de placas, si no el verdadero instigador, si hubiera vivido más tiempo". En cualquier caso, sus ideas sirvieron de marco referencial para la actual Teoría de la Tectónica de Placas.

 

Entre las distinciones que recibió figuran la Karl-Ritter-Medaille (1913)  concedida por la Sociedad Geográfica de Berlín; en 1980 el Instituto de Investigación Polar y Marina de Alemania Occidental en Bremerhaven tomó el nombre del insigne geofísico, y en 1981 se creó la Fundación Alemana para la Promoción de las Geociencias Alfred Wegener. Llevan su apellido un cráter lunar y uno marciano, además del asteroide 29227.

 

El trabajo pionero y perseverante de Alfred Wegener, llevado a cabo en medio de dificultades financieras, guerra, depresión económica, aislamiento científico, enfermedades y lesiones, generó en las Ciencias de la Tierra un cambio de paradigma similar a los que originaron Copérnico o Darwin   Aunque no pudo explicar convenientemente sus planteamientos, siempre ratificó la necesidad de confrontar hechos e integrar ciencias para hallar la respuesta. Tal vez en el fondo intuía que el tiempo sería su mejor aliado.  Mientras tanto, daba la palabra a las evidencias incontrovertibles que llevaron a su teoría, señalando:

 

Somos como un juez enfrentado a un acusado que se niega a responder, y debemos determinar la verdad a partir de las pruebas circunstanciales.

 

 

(1)              O inclinómetro.  Instrumento que permite medir el grado de inclinación del plano con respecto a la horizontal.  El clinómetro de burbuja es un instrumento que consiste en  una cámara con una burbuja de aire atrapada en un medio líquido que actúa como medidor de nivel.

 

(2)              La traducción al español se realizó primero del danés original al inglés, utilizando las versiones de tres traductores en línea y comparando las versiones.  Es posible que exista alguna discrepancia por el uso de terminología meteorológica específica.

 

 

(3)              Profesor asociado.  Título conferido especialmente por universidades alemanas, que implica la autorización para enseñar y/o supervisar clases, pero sin la titularidad de una cátedra ni la obligatoriedad de recibir un salario.

 

(4)              Ur es un prefijo alemán con el significado de proto-, primero, original, primario o primitivo, de donde Urkontinente se traduciría como el continente primario u original.

 

 

 

REFERENCIAS

 

Arias, L.  (2004).  Alfred Wegener.  Modos diferentes de ver patrones nuevos de la naturaleza http://bdigital.unal.edu.co/50671/1/luisalbertoariaslopez.2004.pdf  Consulta: 15-10-2020.

Benialgo, M.  (2012).  Alfred Wegener:  de outsider a revolucionario de la Geología https://www.conicet.gov.ar/alfred-wegener-de-outsider-a-revolucionario-de-la-geologia/  Consulta: 16-10-2020.

Del Pino, J.  (2012-2013).  Alfred Wegener. Entre el hielo y el cielo o la deriva de los continentes http://www.encuentros.uma.es/encuentros141/wegener.pdf  Consulta:  15-10-2020.

Demhardt, I.  (2006).  Alfred Wegener’s Hypothesis on Continental Drift and Its Discussion in Petermanns Geographische Mitteilungen.  Polarforschung 75 (1), 29-35.    https://core.ac.uk/download/pdf/11771531.pdf  Consulta:  17-10-2020.

García, C.  (2012).  Alfred Lothar Wegener  (1880-1930), una vida para la ciencia https://core.ac.uk/download/pdf/39078156.pdf  Consulta:  17-10-2020.

Howkins, A.  (2016).  Alfred Wegener:  Science, Exploration, and the Theory of Continental Drift.  Artic, Antartic and Alpine Research, 48 (4) : 767-769. https://doig.org/10.1657/AAAR0048-4-book1 Consulta: 16-10-2020.

Kirby, R. (2016).  Alfred Wegener:  Science, Exploration, and the Theory of Continental Drift.  Artic, Antartic and Alpine Research, 4 (4) : 2016, pp. 191-192.  https://www.researchgate.net/publication/308954962_Alfred_Wegener_Science_Exploration_and_the_Theory_of_Continental_Drift/link/5f7ef91fa6fdccfd7b4f96f4/download  Consulta:  17-10-2020.

Orozco, M.; Azañón, J.; Azor, A. y Alonso-Chaves, F.  (2002).  Geología física.  Madrid : Paraninfo-Thomson Learning.

Pérez-Malváez, C.;  Bueno, A.; Feria, M.; y Ruiz, R.  (2006).  Noventa y cuatro años de la teoría de la deriva continental de Alfred Lothar Wegener https://www.redalyc.org/pdf/339/33911811.pdf  Consulta:  15-10-2020.

Schoijet, M.  (2015).  Científico Alfred Wegener. El padre del origen de los continentes y océanos.    https://www.metropolisesceptica.com/charles-darwin-y-ciencias-naturales/cientifico-alfred-wegener-el-padre-del-origen-de-los-continentes-y-oceanos/  Título original:  A cien años de la teoría de la deriva de los continentes  en https://www.amc.edu.mx/revistaciencia/index.php/vol-66-numero-1/173-indice13/230-indice-1696736)  Consulta:  16-10-2020.

Tarbuck, E. y Lutgens, F.  (2000).  Ciencias de la Tierra.  Una introducción a la geología física.  Madrid : Prentice Hall.

UCMP  (s/f).  Alfred Wegener  (1880-1930). Universidad de California.  https://ucmp.berkeley.edu/history/wegener.html  Consulta: 17-10-2020.

USGS. (1999).  Alfred Lothar Wegener:  Moving continents https://pubs.usgs.gov/gip/dynamic/wegener.html  Consulta: 17-10-2020.

Wegener, A.  (1912).  El origen de los continentes.  Traducción castellana.  https://f4be5a20-ff40-4ee0-bb50-0359c7926ca8.filesusr.com/ugd/91aa38_1e61e065164543f6ab2670afcce6ff82.pdf  Consulta: 15-10-2020.

Wegener, A.  (1921).  El origen de los cráteres lunares.  Traducción castellana.  https://f4be5a20-ff40-4ee0-bb50-0359c7926ca8.filesusr.com/ugd/91aa38_a8caba41ef194ee8a7046ca2c391f1a3.pdf  Consulta: 15-10-2020.

 

 

CRÉDITOS DE IMÁGENES

 

Alfred Wegener:  https://es.wikipedia.org/wiki/Alfred_Wegener#/media/Archivo:Alfred_Wegener_ca.1924-30.jpg  Descarga: 15-10-2020

El origen de los continentes y los océanos  (1929).  https://www.wikiwand.com/es/Alfred_Wegener  Descarga: 15-10-2020.

Teoría de la Deriva Continental.  http://contenidos.inpres.gov.ar/docs/Deriva%20continental.pdf  Descarga: 19-10-2020.