Las lunas
interiores de Neptuno podrían ser restos fragmentados de antiguos objetos
helados
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Por: Caltech
29 de julio de 2026

Neptuno captado por el JWST. Crédito de la imagen: NASA, ESA, CSA, STScI; Procesamiento de imágenes: Joseph DePasquale (STScI), Naomi Rowe-Gurney (NASA-GSFC).
En 1989, la misión Voyager 2 descubrió seis nuevas lunas orbitando Neptuno, incluyendo cinco diminutas que orbitan justo fuera de los anillos principales del planeta. Debido a su pequeño tamaño y ubicación, estos satélites han sido difíciles de estudiar desde la Tierra. Ahora, utilizando el Telescopio Espacial James Webb (JWST) de la NASA, un equipo de investigadores de Caltech ha observado los anillos de Neptuno y tres de esas lunas (Larissa, Galatea y Proteo) y ha descubierto que su composición es única entre los cuerpos del Sistema Solar exterior.
Estos hallazgos apuntan a la existencia de un sistema lunar original que fue destruido cuando Tritón, la luna más grande de Neptuno, probablemente fue capturada por la gravedad del planeta tras formarse en otra parte del Sistema Solar. Los investigadores creen que los restos de esta colisión se unieron para formar las lunas interiores que vemos hoy. “Si Neptuno alguna vez tuvo un sistema de lunas similar al que vemos hoy en Urano, esperamos que hubiera sido completamente destruido por el proceso de captura de Tritón”, dice Ryleigh Davis, autora principal del articulo e investigadora de UC San Diego.
“Esta es una nueva e interesante evidencia de que algo catastrófico ocurrió en Neptuno que destruyó por completo sus satélites originales, y estamos empezando a ver las huellas que dejó ese proceso”, sentencia Davis. Neptuno es un planeta peculiar, ya que es el único del Sistema Solar que carece de un sistema lunar “típico” de satélites grandes y ordenados, lo que significa que su trayectoria evolutiva también podría ser única.
Hasta hace poco, no existían datos espectroscópicos de las lunas. Los espectrógrafos, como el instrumento de infrarrojo cercano del JWST, dividen la luz en sus múltiples longitudes de onda para obtener información sobre la composición química de los objetos astronómicos, lo que permite a los científicos identificar las moléculas presentes. “Nunca se habían detectado filosilicatos en ningún lugar del sistema solar exterior más allá de Júpiter, así que no estaba en nuestra lista de cosas que buscar. Nos sorprendió encontrar las arcillas observadas, que debían provenir de objetos mucho, mucho más grandes que las pequeñas lunas del anillo interior de Neptuno”, dice Davis.
Un resultado interesante, según Davis, es que se encontraron indicios de filosilicatos ricos en magnesio en los espectros de Larissa, Galatea y los anillos; minerales que solo se forman en presencia de agua líquida. Sin embargo, los espectros de ninguna de las tres lunas estudiadas ni de los anillos indican la presencia de hielo de agua.
“Eso es realmente sorprendente porque todo en esta parte del Sistema Solar es muy helado. Así que estamos bastante seguros de que tuvieron que provenir de las profundidades de algo lo suficientemente grande como para generar el calor necesario para derretir su hielo de agua. Creemos que el lugar más probable sería un sistema original de lunas heladas, aunque sigue siendo un misterio hacia dónde pudo haber ido el hielo”, señala Davis.
Además, los filosilicatos no estaban presentes en Proteo, la mayor de las lunas pequeñas investigadas, lo que sugiere que pudo haberse reacumulado a partir de una región diferente del disco de escombros o haber sufrido un calentamiento posterior que destruyó cualquier mineral arcilloso presente. Asimismo, el equipo descubrió que cada una de las tres lunas posee el mismo mineral hidratado, el cual no han podido identificar.
Aunque el equipo se inclina por el escenario de la destrucción primordial del satélite, señalan que no se puede descartar una explicación alternativa: la fragmentación por fuerzas de marea de un objeto grande y diferenciado del Cinturón de Kuiper, de tamaño similar a Plutón, que pasó demasiado cerca de Neptuno y fue destrozado por la gravedad del planeta.
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