Introducción          

     La Vía Láctea es una galaxia de tamaño mediano en donde se encuentra nuestra casa: el planeta Tierra.

 

    Según los últimos estudios realizados por los astrónomos, contiene unas 150.000 millones de estrellas dispuestas en 2 brazos espirales principales y 2 brazos espirales secundarios, además de 126 cúmulos globulares, 1.055 cúmulos estelares abiertos y 70 asociaciones de estrellas. Posee 21 galaxias satélites, varias de las cuales están siendo asimiladas (o canibalizadas) debido a las inmensas fuerzas de la marea gravitatoria, lo que produce torrentes de estrellas que se entrelazan con sus brazos. Complementa la estructura de nuestra galaxia, densas nubes que viajan a alta velocidad (HVC) sin ninguna correspondencia con la rotación galáctica.

 

    Debe su nombre a la apariencia lechosa con la que observamos sus zonas más densas en las noches oscuras. Ciklos Galácticos (la rueda lechosa) la llamaron los griegos, mientras que para nuestra etnia Kariña, se trata de El camino de Pororu, el inmenso sapo sagrado, que cayendo del cielo, lo dejó impregnado de su leche.

Fotografía de la Vía Láctea hacia su centro.

    Los griegos llenaron el cielo con sus historias y la Vía Láctea no escapó a ello. Según su mitología, tal portento lácteo surgió del pecho de la diosa Hera, al amantar al hijo de Zeus y Alcmena (esposa de Anfitrión), Heracles - Hércules para los romanos. Al ser mordida por el infante, la diosa separó abruptamente de su pecho al niño y la leche despedida, se regó por el firmamento, formando la gran rueda lactosa.

 

    Posteriormente, la apariencia que asume la Vía Láctea observada desde la Tierra, llevó a los cristianos católicos a denominarla, el Camino de Santiago, en alusión a la travesía que realizó el apóstol Santiago el Zebedeo, de retorno desde el Norte de España hasta Jerusalén. Este hecho no es convalidado por los arqueólogos, pero hoy, la ciudad de la hipotética partida recibe el nombre de Santiago de Compostela.

 

    Los primeros intentos de reconocer la forma y figura de nuestra galaxia los realizó Wilhelm Herschel (1738-1822) en 1783. Herschel adoptó la visión de Pierre Simon de Laplace (1749 - 1827) sobre la Vía Láctea: una isla dentro de un universo, plagado de muchas islas. Fue entonces cuando se dedicó a buscar el centro de la misma. Para ello dividió el firmamento en 683 regiones realizó un conteo del número de estrellas que habían en cada región. Construyó, tomando como base la densidad de estrellas contabilizadas, el primer modelo de nuestra Vía Láctea.

 

Modelo de la Vía Láctea de William Herschel

 

    El conocimiento sobre nuestra galaxia es muy reciente. Apenas a comienzos del siglo pasado fue que se comenzó a descubrir su figura y rotación. En el año 1900, Cornelius Easton (1864 - 1929) propone un modelo de la Vía Láctea en donde la considera una nebulosa espiral. La rotación de la galaxia fue sugerida por Jacobus Kapteyn (1851-1922) en 1904, al encontrar estrellas con movimientos propios en direcciones opuestas.

 

    Diez años después, en 1914, Arthur Eddington (1882-1944) estableció que nuestra galaxia era apenas una parte muy pequeña del Universo. Es importante señalar que en ese momento se pensaba que todo el Universo estaba confinado a la Vía Láctea.

 

    En 1918, Harlow Shapley realiza un estudio de los cúmulos globulares y descubre que se encuentran distribuidos en torno al centro galáctico. Determina la posición del Sol en la galaxia, ubicación que es la aceptada en la actualidad.

 

    En 1922, William Campbell (1862-1938) realiza la primera evaluación  del movimiento del Sol en la galaxia, aprovechando la medida del movimiento propio de más de 2.000 estrellas y Jacobus Kapteyn publica su versión de la forma, estructura y dimensiones de los sistemas estelares.

 

    En el año 1925, el astrónomo Bertil Lindblad (1895 – 1965) plantea que las corrientes contrapuestas medidas por Kapteyn, 20 años antes, se debe a la rotación diferencial en torno al centro de la Vía Láctea, con lo que se establece la primera idea de la galaxia como un cuerpo en rotación.

 

    En 1944 Hendrick van de Hulst predijo que debido a la presencia de hidrógeno interestelar, podría detectarse la emisión de microondas de 21-cm de longitud por parte de este gas. En el año 1951, William Morgan (1906-1994) consigue las primeras evidencias de brazos espirales en la Vía Láctea. Logra este cometido cartografiando la distribución de las nebulosas de emisión, regiones H II.

 

Emisión de microondas el longitud 21-cm de la Vía Láctea. 

   

    En 1954 los astrónomos holandeses Jan Oort (1900 – 1992) y Gart Westerhout (1927 - 2012) y el australiano Frank Kerr (1918 – 2000) usan las observaciones de la línea espectral de 21 centímetros del hidrógeno neutro (regiones HI) para demostrar que el hidrógeno interestelar en la Vía Láctea se distribuye a los largo de brazos espirales. En 1958, estos mismos astrónomos determinan las distintas velocidades de rotación de la galaxia, haciendo uso de estas mismas líneas.

 

    Las Nubes de Magallanes fueron registradas por vez primera por el astrónomo persa Al-Sufi en el año 964. No fue hasta el año 1520, cuando Fernando de Magallanes y su geógrafo Antonio de Pigafetta describen las dos pequeñas nubes en el cielo nocturno. Hasta 1965 no se determina la distancia a estas galaxias enanas (190.000 años-luz para la Nube Mayor y 200.000 años-luz para la Nube Menor). Desde esa fecha se comienzan a considerar galaxias satélites de la Vía Láctea.   

 

La Nube Mayor (LMC) y Menor (SMC) de Magallanes.

 

    En 1970, la astrónoma estadounidense Vera Rubin (1928 - ) hizo un estudio sobre la velocidad de rotación de las galaxias. Analizando sus resultados se dio cuenta que la masa combinada de estrellas, gases y polvo interestelar, es insuficiente para sostener la velocidad de rotación de la galaxia. Para explicar esta discrepancia se hace el postulado la existencia de la materia oscura, ya sugerida por Fritz Zwicky (1898 - 1974) el 1933, mientras estudiaba el Cúmulo de galaxia de Coma Berenices. En 1975, Rubin establece que la Vía Láctea se desplaza en el espacio a una velocidad de 500 kms/seg.

 

    En 1971 se detecta la primera corriente de estrellas en la Vía Láctea, la corriente de Arturo. Se trata de conglomerados estelares que se desplazan de manera no conforme a la rotación galáctica. Hasta el año 2013 se han detectado 16 corrientes de estrellas.

 

    En 1993 se descubre la galaxia enana elíptica de Sagitario (SagDEG), satélite de la Vía Láctea, la cual está siendo devorada por nuestra galaxia. Hasta 2003 (noviembre) la SagDEG fue la galaxia más cercana a la Vía Láctea, ya que el descubrimiento de la galaxia enana del Can Mayor por un equipo internacional de astrónomos de Francia, Italia, Australia y El Reino Unido, situada a 42.000 años-luz de distancia y con mil millones de estrellas, la desplazó de ese sitial.  

 

    En enero de 2006 astrónomos detectan que las Nubes de Magallanes y el halo de materia de la Vía Láctea "pandean" su forma. Este alabeo o warp (en inglés) se extiende por unos 3x1016 kilómetros.

perfil de la Vía Láctea en donde se destaca el alabeo del disco

 

   

    En el año 2008 (05 de febrero) radioastrónomos descubren que las Nubes de Magallanes y la Vía Láctea se encuentran unidas a través de una corriente de gas hidrógeno.

 

    El 10 de diciembre de 2008, después de 16 años de trabajo de astrónomos del Observatorio Europeo del Sur, ESO, se confirma la presencia de un agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea

 

    En el año 2010 (12 agosto) estudios realizados con el telescopio espacial Hubble sobre el movimiento propio de las Nubes de Magallanes, sugieren que ambas nubes se encuentran o en un primer paso orbital o en una órbita muy grande, de más de 6.000 millones de años de duración, girando en torno a la Vía Láctea.

 

    En el año 2012 (24 septiembre), haciendo uso del Observatorio de Rayos X Chandra, de la NASA, se descubre un enorme halo de materia que circunda a nuestra galaxia, la Vía Láctea, y a las Nubes de Magallanes.