Las constelaciones en el Paleolítico y el Neolítico    


Por Eladio Miranda Battle.

Proastronomía.

La Habana – Cuba.

 

La palabra constelación viene de constellatio, que significa “grupo de estrellas”, pues las constelaciones son eso: grupos de estrellas relacionadas visualmente. Tal vez pensemos que las constelaciones son herencia de la cultura grecorromana, pero en realidad son mucho más antiguas que eso.

 

Nuestros ancestros del Paleolítico necesitaban conocer el orden de las estaciones y los fenómenos que sucedían en cada una de ellas como la lluvia, el  calor, el viento, ya que este conocimiento era importante para saber si el alimento sería abundante o no. Ya que dependía de las condiciones climáticas el que hubiera mas o menos vegetación para ser recolectada o predecir las migraciones de grupos de animales que le servirían de alimento. En el Neolítico estas observaciones eran llevadas a cabo por personas que se dedicaban a la agricultura y por sacerdotes dedicados a dirigir los rituales a la diosa madre. Por entonces se hacia necesario conocer el momento exacto para sembrar y para recoger el fruto. Posiblemente hayan fijado su atención  en el objeto más luminoso que observaban, el Sol, luego la Luna y después estrellas y planetas. Curiosamente parece ser que esa actividad solo la realizaban mujeres que la ejercían de forma secreta. Algunos autores proponen que los primeros seres humanos que llegaron a América coincidiendo con el culto paleolítico al oso de las cavernas, pudieron asociar la figura del oso ha esa agrupación de estrellas, estaríamos hablando de fechas cercanas al 50.000 a.C. Estudios realizados han demostrado que numerosos pueblos del hemisferio norte coinciden en ver un Oso en la constelación de la Osa Mayor, los mismos se remontan hasta unos 15.000 años a.C.

 

Otra constelación que podría tener un origen prehistórico es Tauro, la cual pudiera estar relacionada a las pinturas encontradas en las cuevas de Altamira. Para cualquier observador debió ser obvio que las estrellas eran puntos brillantes que se encontraban entre si a la misma distancia, es decir tenían un esquema fijo cada noche. Autores como Gurshtein, sugieren un origen prehistórico (16.000 a.C.), no sólo de unas cuantas constelaciones, sino de un gran número de ellas. Se basa Gurshtein en la aparente distribución de las constelaciones en la bóveda celeste según representen a animales aéreos, terrestres o acuáticos, estando los primeros alrededor del polo celeste (Cisne, Águila,…), y los últimos (Piscis, Acuario,…) cerca del ecuador.

 

Para explicar este hecho propone una distribución según tres estratos (aire, tierra y agua) que dividirían la esfera celeste. Hace 16.000 años, debido a la precesión, los signos del zodíaco encajarían perfectamente en esta división. Asimismo, se hace eco de la división parecida del cielo en Mesopotámica (de donde proceden las constelaciones zodiacales), donde la región alrededor del polo estaba dedicada a Enlil (dios de la atmósfera, entre otras cosas), la ecuatorial a Anu, y la sureña a Enki (dios de las aguas).

 

Aunque en la zona asignada a Anu no concuerda con la hipótesis de Gurshtein, lo cierto es que ambas divisiones son bastante parecidas. “En la cultura del Cro-Magnon del oeste Europeo (30.000 - 26.000 a.C.) se pueden encontrar las primeras evidencias de un conocimiento astronómico. Esta cultura de cazadores y recolectores es conocida por sus métodos de fabricación de utensilios de trabajo, instrumentos musicales y una notación simbólica, de esta época existe un grabado que ha sido interpretado como un calendario lunar.

 

En el Paleolítico superior (20.000-16.000 a.C.), fueron establecidas las primeras constelaciones. En el período Magdaleniense (16.000 -8.000 a.C.) los grupos estelares se desarrollaron en 3 estratos simbólicos de los mundos, bajo, medio y superior; criaturas del agua, la tierra y los cielos se convirtieron en la base de las representaciones celestes.

 

Fig. 1. Pinturas rupestres en Lascaux.

 

Por el año 10.000 a.C. la edad del hielo terminó. Los observadores se dieron cuenta que había cuatro lugares sobre la trayectoria solar que se diferenciaban, la máxima y mínima alturas que alcanzaba el Sol sobre en el cielo y la equilibrada duración del día y la noche. Eran los puntos de los solsticios y los equinoccios de esa época.

 

Según múltiples evidencias, serían mujeres desde el Paleolítico, primero como recolectoras y después en el Neolítico como agricultoras y Sacerdotisas, las más arcaicas personas que encontraron y asociaron las constelaciones en determinadas posiciones con fenómenos.  Estos conocimientos en manos femeninas fueron mantenidos de forma secreta por mucho tiempo, el castigo por difundir la doctrina secreta era el descuartizamiento