La anarquía llega a las constelaciones      

 

Durante los siglos XVII y XVIII se produce lo que podríamos denominar el “asalto” del cielo por parte de aduladores y eclesiásticos. Astrónomos, algunos de renombre, comenzaron a colocar a reyes y reinas con la finalidad de obtener beneficios económicos para sus estudios y observaciones. Bajo esta óptica mezquina, comienzan a aparecer constelaciones nuevas en sustitución de las antiguas, algunas de las cuales cuentan con más de 3.000 años de antigüedad. Es de especial renombre, la proposición de unos astrónomos alemanes, aduladores de Napoleón, que propusieron cambiarle el nombre a la constelación de Orión, por el del recientemente nombrado emperador. Es importante recalcar que los mismos astrónomos franceses se opusieron al planteamiento.

 

Otra circunstancia digna de reseña fue la intención de la iglesia católica de cambiar los nombres paganos de los astros y constelaciones, por nombres cristianos. En la propuesta, el Sol sería Jesucristo y la Luna, la virgen María. La constelación de Aries (el Carnero) pasaría a ser el apóstol Pedro, mientras Los Peces, el apóstol Mateo.