A  S  T  R  O  B  I  O  G  R  A  F  I  A  S 


 

Robert Hooke

Un científico contra todas las adversidades.

(Freshwater, Inglaterra, 1635 – Londres, 1703)

 

Ricardo Aguilar

Asociación Larense de Astronomía, ALDA.

 

 

Credo de la Royal Society

 

Promover el conocimiento de las cosas naturales y todas las Artes, Manufacturas, Recursos Mecánicos, Máquinas e Invenciones útiles (sin la intervención de la Teología, la Metafísica, la Moral, la Política, la Gramática, la Retórica o la Lógica)

Robert Hooke

 

        Solo una persona del genio e inteligencia de Newton habría podido redactar una misiva como aquella, tan ofensivamente demoledora pero que escondía su mordacidad con expresiones aparentemente elogiosas. Una diferencia entre la burla y el encomio de tal sutileza que hubo de pasar muchos años antes de que se develara la verdadera intención del remitente y la humillación a la que fue sometido Robert Hooke quien fuera el destinatario y al cual de nada sirvió la protesta pública que, como respuesta, dirigió a la Royal Society. Con esta disputa concluyó una fase de la conflictiva relación que mantuvieron Isaac Newton y Robert Hooke dos de los hombres que junto a Edmond Halley construyeron el prestigio que la ciencia británica ostentó desde finales del siglo XVII en adelante.

 

        Efectivamente, estos científicos se reconocen hoy como los pilares más relevantes de la ciencia inglesa cuyos aportes al conocimiento occidental han sido tan fecundos que prácticamente conforman los fundamentos de toda la ciencia actual. Aunque debemos acotar que este reconocimiento es de reciente data ya que el brillo –justificado o no- de la figura de Newton dejaba en las sombras a los otros dos. Y si bien conocíamos a Halley por asociar su nombre al famoso cometa no sucede lo mismo con Hooke que sigue siendo, incluso hoy en día, ignorado por las mayorías gracias entre otras cosas al empeño de Newton de borrar las huellas de este gran científico al que consideraba su acérrimo contrincante. Más, sin embargo, a decir del historiador John Gribbin: “…es imposible para un historiador imparcial decir si fue Newton o Hooke quien realizó la contribución más significativa.”

 

        Pero adentrémonos en la vida de Robert Hooke para situarnos en el contexto en que la misma se desarrolla, su poco valorada contribución a la ciencia y las circunstancias que lo llevaron a ser el blanco de la malevolencia de quienes le rodearon en el ámbito científico.

 

        Nació Robert Hooke en el poblado de Freshwater, en la isla Wight situada en la parte más austral de Inglaterra, de horizonte marino brumoso y blancos acantilados, en horas del mediodía del 18 de julio de 1635. Sería el tercero y último hijo de John Hooke ayudante de la iglesia local y por lo tanto con ingresos muy limitados. Su hermana tenía por nombre Katherine y su hermano John. De la madre de Robert nada se sabe, solo que el parto fue difícil y Robert, de constitución delicada, sobrevivió contra todos los pronósticos, aun cuando hasta los siete años debió alimentarse de frutas y productos lácteos básicamente. Sin embargo, no siendo un niño del todo saludable, disfrutó su niñez con gran agilidad recorriendo aquellos parajes silenciosos y bucólicos.

 

        Debido a su condición enfermiza no se le exigió mucho a Robert en relación a su escolaridad, y su padre, con la idea de encaminarlo en los asuntos de la asistencia a la iglesia, se encargó de suministrarle un conocimiento básico, que entre las enfermedades de Robert y los achaques de John fue desordenado y de poco provecho para aquel niño que solo le satisfacía hacer maquetas y pintar, para lo cual tenía notorias habilidades. A los 13 años, tras la muerte de su padre y con solo 100 libras es enviado a Londres para estudiar pintura, pero decide emplear mejor sus pocos recursos inscribiéndose en el Westminster School, donde además de recibir educación formal aprende a tocar el órgano. Tres años más tarde su cuerpo se deformará dándole una apariencia hostil, que marcará su relación con sus condiscípulos y futuros colegas, por hacerlo retraído y huraño.

 

        Como estudiante pobre debió emplearse como ayudante de científicos ricos de la talla de Robert Boyle a quien prestó un servicio invalorable en el diseño de experimentos, elaboración de instrumentos como la bomba de vacío, etc., sin el cual Boyle no hubiera alcanzado la fama que llegó a tener. También para el catedrático Seth Ward llevó adelante trabajos astronómicos haciéndole mejoras sustanciales a la óptica de los telescopios. Inventa un nuevo tipo de reloj mucho más preciso e ideal para la observación astronómica. Hay pruebas irrefutables de haber desarrollado el escape del reloj, al menos 15 años antes que Huygens, a quien se le atribuye tal invención y para mediados de 1650 crea la espiral (el pelo) en el volante para un reloj de bolsillo que pudo ser el precursor del cronómetro para su utilización en la determinación de la longitud en alta mar, pero que era un secreto que Hooke no reveló por desavenencia en alguna de las cláusulas del contrato que le presentaron, prefiriendo llevárselo a la tumba.

 

        En 1660 se crea la Royal Society y por recomendación de Boyle se nombran a Henry Oldemburg y a Robert Hooke para los dos únicos cargos permanentes administrativo y experimental respectivamente. Hooke asumirá su responsabilidad como gestor de los trabajos experimentales de la Sociedad en 1662 y un año después, aún cuando por las exigencias del trabajo como ayudante de Boyle no había logrado la licenciatura en Oxford, fue nombrado Doctor en Humanidades y admitido como miembro pleno de la Royal Society y dos años más tarde de empleado pasó a socio y parte del Consejo de la Sociedad. Pero con todos estos reconocimientos sus responsabilidades superaban ampliamente sus ingresos económicos por lo cual estuvo mucho tiempo bajo la magnánima ayuda de su otrora patrón y uno de los pocos verdaderos amigos de Hooke: Robert Boyle.

 

        En 1664 fue propuesto para profesor de geometría del Gresham College pero perdió en la elección por el voto del alcalde. Accedería al puesto un año después luego de una larga discusión, al final de la cual se determinaría que el alcalde no tenía competencia en la votación. Este mismo año publicará su obra más importante: Micrographia, escrita en inglés y con un lenguaje sencillo accesible a todos, recordará la obra de Galileo el Mensajero de las estrellas –escrita en italiano y no en latín que era lo usual-, que como este develó al mundo el cosmos, aquel lo hará con el mundo de lo pequeño.

 

        Micrographia recogía las observaciones hechas por Hooke con los microscopios elaborados por él mismo a los que les introdujo mejoras sustanciales en relación a los ya existentes. Micrographia estaba bellamente ilustrado con dibujos científicamente precisos hechos por él y por Christopher Wren (otro de sus pocos amigos). Uno de aquellos trabajos reseñados en Micrographia es el estudio de la estructura celular descubierta en láminas de corcho, acuñando la palabra “célula” –es de hacer notar que los poros descubiertos por Hooke no son las células que la biología moderna reconoce como tales, pero una vez que fueron identificadas se les aplicó el nombre acuñado por Hooke empleándosele en adelante tal denominación. De nuevo a decir del historiador John Gribbin Micrographia marcó un hito en la microscopía que alcanzaría su mayoría de edad como disciplina científica autónoma.

 

        También identificó los fósiles de forma correcta como las huellas de seres vivientes remotos. Con abrumadora convicción y certeza afirmó en relación a las actualmente llamadas amonitas: “las conchas de ciertos moluscos, que por algún fenómeno de avalancha, inundación, terremoto, o algo por el estilo, habían sido llevadas a aquel lugar y se habían llenado de algún tipo de barro, arcilla, agua "petrificadora", u otra sustancia, que a lo largo del tiempo se había acumulado y endurecido”, echando así por tierra la idea imperante hasta entonces de que los fósiles eran formaciones rocosas naturales que por algún motivo desconocido copiaban formas de animales y plantas. Hooke señalaba además sobre las grandes transformaciones geológicas donde zonas de tierra habían sido mar y elevadas montañas extensas llanuras, cuando la idea dominante impuesta por la Iglesia era  que la Tierra era tan joven que procesos tan largos y lentos eran inconcebibles1.

 

      Micrographia no solo descubrió el mundo del microcosmos para los contemporáneos de Hooke, sino que además lo puso sobre la pista de un fenómeno luminoso que en adelante sería de importancia capital para el desenvolvimiento de la ciencia europea, pero dicho descubrimiento y estudio se le atribuiría a Newton y no a él, llegándose a conocer como “los anillos de Newton”.

    

      La historia de tal despojo es más o menos como sigue:

La fortuna juega a favor de una mente preparada.

Louis Pasteur

 

      Siendo Robert un científico de “amplio espectro” (astrónomo, mecánico, biólogo, físico, arquitecto, con conocimientos de meteorología, óptica, náutica y competente dibujante –entre otros intereses-), preparando su famoso libro Micrographia, no se le pasó por alto la extraña iridiscencia que observó en las alas de mariposas y en los ojos compuestos de diferentes insectos que lo llevó a dar con la explicación correcta luego de la reflexión necesaria. Este fenómeno ya lo había observado en su empeño de introducir mejoras en telescopios y microscopios combinando lentes y es el mismo que podemos observar cuando la luz incide sobre una mancha de aceite sobre agua o la que vemos en la superficie de una burbuja de jabón. Hooke estimó –con mucho tino- que  la causa era algún tipo de interferencia entre la luz reflejada por los dos lados de cada capa, situándose con este razonamiento en la concepción de la teoría ondulatoria de la luz con mayor propiedad que la establecida por Huygens tiempo después, ya que éste las concebiría como ondas de compresión  a diferencia de Hooke que razonaba que eran ondas de propagación transversal. Todos sabemos de la disputa entre Newton y Huygens en torno a la naturaleza de la luz, aquel era partidario de la luz como partícula y este como onda, pero faltarían un par de siglos aún para establecer que toda emisión electromagnética (la luz incluida) posee ambas propiedades: corpuscular y ondulatoria.

 

      La historia de la ciencia reconocería la labor de Robert Hooke dándole su nombre a la ley de los cuerpos elásticos, formulada como: "el alargamiento unitario que experimenta un material elástico es directamente proporcional a la fuerza aplicada sobre el mismo". Aunque importante, no deja de ser un modesto reconocimiento si lo comparamos con el resto de sus aportes que en apretada síntesis podríamos enumerarlos de la siguiente manera:

 

      Además de los antes mencionados logros en el campo académico Robert Hooke experimento con la combustión: prefigurando la existencia del oxígeno, un siglo antes de su real descubrimiento.

      Se adelantó dos siglos al orientar la verdadera naturaleza del calor como: “movimiento o agitación de sus partes”.

      Fue el primero en construir un telescopio reflector gregoriano.

      Colaboro en el diseño y experimentación (en su cuerpo) de un primitivo casco de buzo.

      Se sometió a un experimento donde se extrajo todo el aire de una habitación hasta no soportar el dolor en sus oídos.

      Inventó el barómetro con reloj, tal como lo conocemos hoy.

      Mejoró el termómetro.

      Inventó un higrómetro que lo colocaría como el padre de la meteorología científica.

      Relacionó por primera vez la presión atmosférica con el estado del tiempo.

      El espacio vacío al final de su libro Micrographia lo rellenó con dibujos estelares de sus propias observaciones.

      Ayudó significativamente a Christopher Wren en la reconstrucción de Londres después del incendio de 1.666 al punto de no saberse con claridad que edificios fueron diseñados por Wren o por Hooke.

      Previó, aunque sin sustentación matemática, la ley de la Gravitación Universal y las del movimiento cuando en la Royal Society expuso:

 

“En primer lugar, todos los cuerpos celestes de cualquier tipo tienen un poder de atracción o de gravitación hacia sus propios centros, por el cual atraen no sólo sus propias partes, e impiden que se separen de ellos ... sino que también atraen a todos los demás cuerpos celestes que están dentro de su esfera de actividad ... La segunda suposición es que todos los cuerpos de cualquier tipo que inician un movimiento directo y simple continuarán moviéndose hacia adelante en línea recta, hasta que sean desviados por otros poderes efectivos y se tuerzan describiendo un movimiento circular, elíptico, o siguiendo alguna otra línea curva más compleja. La tercera suposición es que estos poderes de atracción son tanto más potentes operando, cuanto más cerca esté de sus propios centros aquel cuerpo sobre el que están actuando”

 

      Cualquiera que tenga nociones de física y conocimientos de las leyes newtonianas podrá notar las deficiencias que estos postulados encierran, más no podrá pasar por alto la extraordinaria similitud de esta formulación inicial con las establecidas luego por Newton y podrá discernir cuánta razón asistía a Hooke cuando acusó a Newton, ni siquiera de plagio, si no de no haberle dado el crédito necesario cuando anunció sus descubrimientos.

 

      Este incidente desencadenó una serie de acontecimientos donde estuvo involucrada toda la Sociedad científica como mediadora entre los dos científicos enemistados que trataron de zanjar la disputa dirigiéndose cartas públicas2. Cerrándose este acto con la carta de Newton a Robert a que hacíamos referencia en el primer párrafo de este trabajo pero que requieren un par de párrafos más para comentarla y cerrar este intento biográfico y “reivindicador” de un gran científico largo tiempo marginado.

 

“Somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no por alguna distinción física nuestra, sino porque somos levantados por su gran altura”

                                                                   Bernardo de Chartres

     

      La historia de la humanidad nos ha dado ejemplos de amistad entre individuos que alcanzaron el nivel de lo sublime. Pero también de relaciones tormentosas que bordean los límites del odio más irracional. En el caso que nos ocupa, es decir, en la relación establecida por Robert Hooke e Isaac Newton se combinaron dos personalidades contradictoriamente explosivas. La arrogancia de Newton lo llevó a subestimar a todos sus colegas y a sobreestimar sus capacidades e inteligencia. Por otra parte mostraba una ingenuidad pueril al darle crédito a todo cuanto entraba en el ámbito de sus creencias y certidumbres3. Por el contrario Hooke, por obvias razones –origen humilde, económicamente dependiente de sus colegas, deformación corporal y sumergido en múltiples tareas experimentales- siempre mantuvo una actitud retraída y una morbosa susceptibilidad ante todo lo que sugiriera su minusvalía.

 

      Cuando las llamadas leyes del movimiento de Newton y la Ley de la Gravedad dejaron de ser “propiedad privada” de Newton y conocidas por todos en la Royal Society, Hooke consideró que aquel, si no se había copiado, por lo mínimo se habría “inspirado” en sus estudios y en su libro Micrographia y que era, por tanto, merecedor de mayor crédito en aquellos descubrimientos y en tal sentido dirigió una carta pública en alabanza a los descubrimientos de Newton pero que, de alguna manera, este lo interpretó como un baño de sombra y dudas a su original y total autoría.

 

      Ardió Troya. Y Hooke entregaría a Newton el clavo que faltaba para que éste sellara la animadversión que le tenía.

 

      Newton (con inobjetable derecho a réplica) contraatacó con la famosa carta a Hooke cargada de  aparentes elogios –así lo consideraron todos- al final de la cual citaba la expresión “Si yo he sido capaz de ver más allá, es porque me encontraba sentado sobre los hombros de unos Gigantes” (así, gigantes con mayúscula). Citaba de este modo a Bernardo de Chartres. Solo Hooke pudo entender y acusar el golpe que encerraba la carta/caballo de madera.

 

      Muchas personas, incluyendo diversos divulgadores de la ciencia, erróneamente le atribuyen a Newton la autoría de esa sentencia. Pero eso si no es por culpa del afamado físico con todas las dudas que puedan existir sobre la originalidad de sus ideas. La misma –como podemos leer en el epígrafe que encabeza esta parte- le es atribuida a Bernardo de Chartres, filósofo neoplatónico  y erudito del siglo XII y que ha sido repetida, idéntica o con variaciones, por muchos pensadores desde entonces. No estaría, pues, Newton obligado a citar al autor de la misma, al utilizar una frase por toda conocida, como bien ha señalado Stephen Jay Gould: no se nombra a Andy Warhol cada vez que se utiliza la frase "Todo el mundo debería tener derecho a 15 minutos de gloria". Además, la intención de Newton no era pasar por conocedor de la obra del filósofo, tampoco la utilizaba por considerar su fuerza metafórica ni mucho menos. Su intención era otra muy distinta y mordaz.

 

      Si Jhon Gribbin cita a Jhon Faulkner del Lick Observatory de California, que ha analizado la carta y propuesto su original lectura, entonces transcribamos, sin interpretar, parte de lo dicho por éste:

 

        “…Pero la frase clave es la que habla de «estar sentado sobre los hombros de unos  Gigantes». Obsérvese que utiliza una mayúscula. Aun teniendo en cuenta los caprichos de la ortografía del siglo XVII, ¿por qué elegiría Newton poner el énfasis en esta palabra? Seguramente porque Hooke era un hombrecillo con la espalda deformada. El mensaje que Newton intenta transmitir es que, aunque pudiera haber tomado préstamos de los antiguos, no necesitaba robar las ideas de un hombrecillo como Hooke, añadiendo implícitamente que Hooke, además de ser un hombre físicamente pequeño, era un pigmeo mental…”

 

      No quedaría allí la cosa. Newton sobrevivió a Hooke quien fallece el 3 de Marzo de 1703. Al año siguiente publica su magna obra sobre la luz y el color: Opticks  que tenía escondida hacía 30 años esperando la ausencia de Hooke.

 

     Con el tiempo Newton llegó a presidir la Sociedad Real, ocasión que le permitió deshacerse de todo vestigio de su odiado y ya difunto Robert Hooke.

      En la misma Wikipedia podemos leer:

 

Newton llegó al extremo de eliminar de sus Principios matemáticos toda referencia a Hooke. Un especialista asegura que también intentó borrar de los registros las contribuciones que éste había hecho a la ciencia. Además, los instrumentos de Hooke —muchos elaborados artesanalmente—, buena parte de sus ensayos y el único retrato auténtico suyo se esfumaron una vez que Newton se convirtió en presidente de la Sociedad Real. A consecuencia de lo anterior, la fama de Hooke cayó en el olvido, un olvido que duraría más de dos siglos, al punto que no se sabe hoy día dónde se halla su tumba4.

    

 

 

 

1) La edad del “mundo” era calculada por los cristianos estudiando la cronología de las escrituras, es decir, sumando las edades de los protagonistas bíblicos desde Adán, así para Eusebio –quien presidió el Concilio de Nicea convocado por Constantino en el 325 d.C.- habían pasado 3.184 entre Adán y Abrahan. Para Agustín de Hipona la Creación  fue alrededor del 5.500 a. C. Kepler la fechó para el año 3.993 y Newton le tumbó 5 años a este último cálculo. Pero en el siglo XVII, el obispo de Armag en Irlanda, James Ussher, haciendo alarde de un portentoso como inusual precisión de cálculo, determinó que la Creación se inició la noche anterior del día 23 de Octubre de 4004 a. C.

 

2) Estas cartas se conocen desde entonces. No obstante, otros documentos que no habían sido revelados han arrogado nuevas luces de lo sucedido y, en consecuencia, han hecho que los actuales historiadores de la ciencia las reconsideren para establecer los verdaderos motivos detrás de las apariencias historiografiadas que tanto daño han hecho a la causa humana.   

 

3) No son pocos los historiadores que han reseñado la influencia ejercida por Oldemburg (recordemos que éste compartía responsabilidades con Hooke en la dirección de la Sociedad Real en la parte administrativa de la misma) sobre Newton para fomentar su aversión contra Hooke.

4) El retrato que ilustran muchas páginas en la red sobre Robert Hooke no le pertenecen, incluso la de EcuRed (http://www.ecured.cu/index.php/Robert_Hooke), sospecho que es un grabado de Newton, aunque no su última triquiñuela. La que acompaña este trabajo es una pintura de Rita Greer, elaborada a partir de testimonios y referencias de contemporáneos de Hooke. Se supone el más fidedigno.

 

Nota final: La mejor y mayor parte de la información contenida en esta biografía es la recogida por el historiador Jhon Gribbin y vertidas en su extraordinario libro “Historia de la ciencia 1543 2001” al cual invito a leer para conocer más de la vida de éste y muchos otros científicos. Puede conseguirse en la red aquí

http://es.scribd.com/doc/194270564/32283358-John-Gribbin-Historia-de-la-Ciencia-pdf#scribd

 

REFERENCIAS:

Ferris, Timothy, La aventura del Universo 1.988. William Morrow and Company, Inc. New York.

Lederman, Leon y Dick Teresi,  La particula divina 1.993. William Morrow and Company, Inc. New York.

http://www.visitisleofwight.co.uk/towns-and-vLillages/freshwater

http://www.gutenberg.org/files/15491/15491-h/15491-h.htm

http://www.history-of-the-microscope.org/robert-hooke-microscope-history-micrographia.php

http://www.profesorenlinea.cl/biografias/HookeRobert.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Isaac_Newton

http://www.ucmp.berkeley.edu/history/hooke.html