El asteroide que cayó del cielo         

EL ASTEROIDE QUE CAYÓ DEL CIELO.

Por:

Mayendry Linarez

Mauriel Yépez

Quinto Grado

 

Ilustraciones:

Mauricio Galdamez

Wilder Pérez

Harry Peraza

 

Escuela Bolivariana “Don Vidal Hernández Agüero”

Docente asesor:

Profesora Haydee Guerra

Mayo 2007.

 

    Había un asteroide chiquito y juguetón que estaba muy triste porque no tenía con quien jugar, ya que cada vez que hacía travesuras, los demás asteroides lo regañaban y no entendían que él era muy joven, quería divertirse y tener muchos amigos.

 

 

    Un día, en una de sus travesuras, vio un viejo planeta y le preguntó como se llamaba, este le respondió: soy el planeta Tierra. El asteroide se sorprendió por el nombre y la Tierra le explicó que ese era el nombre que le habían dado los seres que habitaban en él. El pequeño asteroide le preguntó si le permitía dar un pequeño paseo y conocer a estos seres. La Tierra le respondió ten cuidado que puedes hacerte daño o lastimar a los seres humanos que viven en mi interior. El joven asteroide no alcanzó a escuchar las palabras de la Tierra y con rapidez procedió a curiosear y que sorpresa, la gravedad lo empujó directo a la Tierra y fue a dar al piso. Todo mareado por el golpe, trató de levantarse y vio los árboles, los pájaros, las mariposas y se preguntó si ellos serían los seres humanos, entonces dio vuelta y observó una linda chocita a los lejos y decidió investigar. Voló, se asomó y encontró unos niños jugando en el jardín, estuvo largo rato mirando lo que hacían y se quedó dormido por el golpe y el largo viaje.

 

   

    Al día siguiente, cuando abrió lo ojos, se encontró con la cara de asombro de los niños que estaban jugando en el jardín. Los niños salieron corriendo y el mayor le apuntó con una flecha y le dijo que él era un gran guerrero y no permitiría que Kabudarí le hiciera daño a su hermanita ni a su familia. El pequeño asteroide le preguntó que era Kabudarí y el niño indígena le dijo que era un árbol grande, pero que no había visto ninguno como él.

 

 

    El asteroide sonrió y le preguntó si ellos eras los seres humanos que vivían en el planeta Tierra y ellos le dijeron que eran una tribu que cultivaban, cazaban y pescaban para alimentarse, pero aún no salía de su asombro.

 

    El pequeño asteroide le dijo que él no era un árbol sino un asteroide que había caído del cielo y no les haría daño, solamente quería hacer amigos porque estaba aburrido de jugar solo ya que todos los demás planetas y asteroides ya eran adultos y lo regañaban por sus travesuras.

 

 

    Los pequeños indígenas lo aceptaron y lo invitaron a conocer esas hermosas tierras del Estado Lara, llamado en ese entonces Variquicimeto. Se montaron en el pequeño asteroide y volaron sobre el valle del Turbio, Terepaima y allí conocieron el oso frontino, que le pareció muy gracioso.

 

 

    Después de divertirse durante todo el día, el pequeño asteroide, decidió regresar a su hogar y les dijo a los niños que no se pusieran tristes, ya que tenía amigos con quien jugar y volvería pronto y les dio las gracias por ese nombre tan hermoso que le dieron, de ahora en adelante me llamaré así, Kabudarí, y seré un árbol grande en el espacio.

 

 

    Desde ese entonces, cada cierto tiempo, Kabudarí ya adulto visita a la Tierra y a sus amigos y siempre recuerda a esos pequeños indígenas que le dieron ese hermoso nombre.

 

    Cuando vayas al observatorio fíjate bien y veras a Kabudarí, un pedacito de nuestra historia en el espacio.