Nuestra percepción del Universo       

 

Por: Jesús A. Guerrero Ordáz. ALDA. Noviembre de 2017.

 

         En la profundidad de la prehistoria, la percepción que tenían los homo sapiens del Universo se suscribía a la sucesión del día y la noche, con sus dos astros preponderantes en el cielo: el Sol y la Luna.

 

         Los fenómenos de la naturaleza que percibía les hicieron construir mitos que poco a poco se fueron constituyendo en la base espiritual de su naciente comunidad. Tuvieron que transcurrir milenios para que estas nacientes colectividades se convirtieran en sociedades con un entramado social y cultural de tal complejidad que les permitiese la construcción de concepciones cosmogónicas con un alto grado de desarrollo. Sin embargo, las mismas fueron más interpretaciones de sus creencias, que fundamentadas en un análisis sobre lo que percibían. Son los tiempos en que los lagartos, los elefantes y las tortugas cargaban el mundo a cuestas.

 

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Concepciones cosmogónicas en la antigua India.

 

         A orillas de los grandes ríos, alguno de ellos surgidos por el descongelamiento de los grandes glaciares, se aglomeraron las primeras grandes civilizaciones; en el Indo y en el Ganges, se desarrollaron las culturas India y China. En el Nilo, Egipto y entre el Tigris y el Éufrates, la gran Babilonia. De estas dos últimas es que se desarrolla la denominada cultura occidental, de la que formamos parte.

 

         De Babilonia y Egipto nos viene nuestro año y la trigonometría. Milenios de contemplación del firmamento tienen su punto de confluencia en estas dos culturas. El calendario se construye siguiendo las cadencias del cielo. Así, al día se le asigna una duración de 24 horas debido a la creencia babilónica que el número doce (12) era mágico debido a las falanges de los dedos de la mano. La semana y el mes se ajusta a las fases de la Luna y el año al tiempo que toma el Sol para salir por la misma posición en el cielo. En trigonometría, se desarrolla desde conceptos básicos, como el círculo con sus 360 grados – el número divisible entre doce (12) más cercano a la cantidad de días del año – hasta las primeras relaciones trigonométricas.

 

         En Babilonia, la observación del cielo adquiere sistematización. Las crecidas irregulares del Tigris y el Éufrates, los obliga a mejorar la observación del cielo para poder determinar los períodos de frío y calor, de lluvia o sequía. La circunstancia de poder predecir estos períodos condujo a la creencia popular de que estos sacerdotes también podían predecir los sucesos humanos. Se fue incubando en las mentes de las personas que sus destinos estaban signados por los astros, y se desarrolló una disciplina que posteriormente recibiría el nombre de astrología. Los registros más antiguos de esta disciplina alcanza el año 400 aC.     

 

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Babilonia, una de las cunas de nuestra civilización.

 

         Toda esta experiencia nutre a los helenos, un pueblo de marineros, abiertos a nuevos conocimientos y creencias. Es en esta cultura donde la observación metódica de la naturaleza adquiere especial significación y toda una pléyade de filósofos (amigos de la sabiduría) surgen, dividiendo el pensamiento humano en dos grandes corrientes: la idealista y la materialista.

 

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Tales de Mileto (626-545 aC). René Descartes (1596-1650).

 

         De todos, descuella Tales de Mileto (626–545 aC). Considerado el padre del razonamiento matemático, para sus concepciones desarrolló un método que denominó deductio, nuestra deducción, como una vía para alcanzar nuevas verdades de las ya existentes. Casi 2.200 años después, Descartes (1596–1650) hará uso de la misma en su Discurso del Método, planteando su máxima más famosa “cogito ergo sum” (pienso, por tanto existo).

 

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El mundo según Anaximandro.

 

         Tales concibe el Universo como la confluencia entre dos grandes fuerzas, el Kosmos (orden) y Kaos (desorden). Adopta los tres elementos babilónicos: aire, tierra y agua como los constituyentes del Universo y sostiene que la vida surgió del agua. Su discípulo Anaximandro (611–547 aC) sostiene que la figura de la Tierra es un inmenso cilindro que sirve de apoyo a la bóveda celeste, por cuyos agujeros destellan las estrellas, el brillo de un gran fuego central.

 

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Pitágoras (582-500 aC) y Platón (427-347 aC).

 

         En la corriente idealista, Pitágoras (582–500 aC) y sus matématas (los que se instruyen) conciben a los números como el diseño conceptual de todo lo que existe y se embarcan en la primera representación matemática del Universo. En su escuela es donde se comienza a hablar de la Tierra como una esfera. Un siglo más tarde, Platón (427–347 aC) arriba al paroxismo del idealismo cuando postula que a los fenómenos “hay que verlos con los ojos de la razón”. Tal concepto coartará el desarrollo del conocimiento y servirá como dique de contención de los nuevos descubrimientos. A lo largo de los siglos, instaurado el idealismo como filosofía dominante, los descubrimientos que contravengan lo establecido, serán acusados de estar “fuera de la razón”. Por eso serán quemados en la hoguera Miguel Servet (1511-1553) y Giordano Bruno (1548-1600). El primero por postular que la sangre circulaba por todo el cuerpo y se purificaba en los pulmones, y el otro por sugerir que en el Universo existían otros mundos en otras estrellas.

 

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Miguel Servet (1511-1553). Giordano Bruno (1548-1600)

 

         Entre los materialistas, se destacan Empédocles (500–430 aC) y Demócrito (460–370 aC).

 

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Empédocles de Agrigento (500-430 aC) y Demócrito de Abdera (460-370 aC).

 

         A los tres elementos constituyentes del Universo de Tales, Empédocles le agrega un cuarto elemento, el fuego. Los primeros conceptos evolucionistas se le deben a este filósofo. Como ejemplo de su genio podemos traer a colación dos sentencias de su autoría: “nada surge de la nada” y “nada de lo que existe, desaparece”. Dos mil años después, esta última sentencia será convertida en la Ley de la Conservación de la Materia por Antonie Lavoisier (1743-1794).

 

         Los filósofos materialistas invitan a observar y analizar la naturaleza y las cosas que en ella suceden. El mejor ejemplo de este método lo constituye la concepción de los átomos por Demócrito. Estando conversando con unas personas, le llegó el olor del pan recién cocido. De inmediato le asaltó la idea de que a su nariz arribaban pequeños fragmentos de pan. Pensó que estos fragmentos eran esféricos y los denominó átomos (no divisibles). Posteriormente postulará “nada existe aparte de los átomos” un principio que usará John Dalton (1766-1844) dos milenios después para postular la Teoría Atómica de la Materia. Otra sentencia de Demócrito, “un cuerpo que se mueva, lo hará hasta que algo lo interfiera”, será la base desde donde Newton (1643-1727) postulará la Primera Ley del Movimiento.

 

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Aristóteles de Estagira (384-322 aC).

 

         En el año 350 aC, Aristóteles de Estagira (384-322 aC) agregará el quinto de los elementos griegos del Universo: el éter. La identificó como sustancia en donde flotan los astros en el firmamento. Su carácter inmaculado condujo a la creencia que esta quinta esencia era sinónimo de perfección. El concepto de éter permanecerá en las mentes de los filósofos y en pleno siglo XIX, James Maxwell (1831-1879) físico escocés que desarrolló la segunda gran unificación de la física al demostrar que la electricidad, el magnetismo y la luz eran manifestaciones de un mismo fenómeno, tuvo que usar un “éter electromagnético”, llamado luminífero, para poder explicar la propagación de las ondas.     

 

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Reconstrucción de la Gran Biblioteca de Alejandría.

 

         A partir del año 306 aC y por unos 700 años, el epicentro del conocimiento se traslada de Grecia a Alejandría. Ptolomeo Soter, lugarteniente de Alejandro Magno y a quien le tocó en suerte dirigir Egipto, le encarga a Estratón de Lampsaco (340 a 268 aC) fundar la Biblioteca de Alejandría. Rivalizada posteriormente sólo por la Biblioteca de Pérgamo (donde surgió el pergamino), lo fundamental del conocimiento de la humanidad se concentró entre sus paredes. En sus tres edificaciones principales, el Liceum (lugar de la Luz) dedicado a Apolo Licio, dios del Sol; el Museum (lugar de las Musas) y el Serapeum (lugar de Serapis, dios protector de la ciudad) se trabajó intensamente en todas las áreas del conocimiento humano. Es en este majestuoso sitio en donde se produce la primera gran división del conocimiento humano. Por un lado, los denominados filólogos, encargados de la literatura y el discurso; por el otro, los filósofos, encargados de la ciencia y el conocimiento.

 

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Aristarco de Samos (310-230 aC).

 

         Es en la Biblioteca de Alejandría, en donde Aristarco (310–230 aC) arriba a la conclusión que las 24 horas del día se producen debido a la rotación de la Tierra y los 365 días del año se debe a la traslación en torno al Sol. Tal destello de genialidad es replicado por Copérnico (1473 - 1543) 1.800 años después, cuando postula su Teoría Heliocéntrica, y traslada el centro del Universo al Sol.

 

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Arquímedes de Siracusa (287-212 aC). Eudoxo de Cnido (390-337 aC).

 

         También en Alejandría es donde Arquímedes (287–212 aC) refina el procedimiento desarrollado por Eudoxo (390–337 aC) en Atenas que dan lugar al Método del Agotamiento. Leibnitz (1646-1716) y Newton (1643-1727) se armarán del mismo para arribar al cálculo integral.

 

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Eratóstenes de Cirene (284-192 aC). Hiparco de Nicea (190-120 aC).

 

         Es en la Biblioteca donde Eratóstenes (284–192 aC) mide la circunferencia de la Tierra e Hiparco (190–120 aC) determina que todo el cielo se desplaza en un inmenso círculo que pasa a denominarse Precesión de los Equinoccios. El modelo del mundo adquiere una forma bastante parecida a la que reconocemos hoy…

 

         Entonces, ¿Qué pasó? ¿A qué se debe que la humanidad perdiera todo este avance en el conocimiento científico?

 

         Hacia el siglo VII aC, una pequeña ciudad a orillas del río Tiber comienza a tener supremacía sobre sus vecinas. Ya para el siglo III aC, en la época de la fundación de la Gran Biblioteca de Alejandría, posee el predominio sobre vastas regiones de la península itálica. Los pueblos que confluyen en Roma están constituidos por campesinos con una alta influencia de las creencias mágico religiosas de los etruscos. De ahí que, esta ciudad estado, al hacerse del dominio político, produce todo un descalabro en los extraordinarios avances producidos por el pueblo griego.

 

         Es entonces cuando la Tierra redonda de Platón y Eratóstenes, es sustituida por la Tierra plana. La Tierra con movimiento de rotación y traslación de Aristarco, es sustituida por la Tierra inmóvil y en el centro del Universo. La filosofía dominante romana reduce a un concepto utilitario básico a todas las ciencias. Tal situación condujo a Cicerón (106–43 aC), ya desarrollada la sociedad romana a expresar con pesar “…los matemáticos griegos se destacan por su geometría, mientras que nosotros nos limitamos a contar y medir…”.

 

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Claudio Ptolomeo (85-165). Sistema Geocéntrico.

 

         Es en este marco social y cultural en donde Claudio Ptolomeo (85–165 dC) escribe en Alejandría su “obra maestra” Mathematike Syntaxis que en 13 tomos recogió todo el conocimiento astronómico hasta la fecha. Pero Ptolomeo es idealista y abraza las concepciones de la Tierra plana e inmóvil en el centro del mundo. Para poder explicar los movimientos retrógrados que producían los planetas en el firmamento, concibió todo un andamiaje de conceptos en donde los epiciclos y deferentes eran los principales.

 

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 Epiciclos y deferentes en el sistema geocéntrico Ptolemaico.

 

         Esta obra fue traducida al árabe como “Almagesto” y al ser de las pocas obras que sobrevivieron a la quema de la Gran Biblioteca en el 391 dC (por los cristianos) y en 642 dC (por los musulmanes), logró trascender en la historia e influenciar en las mentes de los estudiosos por 1.400 años.

 

         Mientras la ciencia caía en un marasmo en la cultura occidental, los árabes se encargaron de tomar el testigo en el desarrollo de las matemáticas y la astronomía. El surgimiento del Islam en el año 622 y la obligación de orar cinco veces al día con genuflexiones dirigidas hacia la ciudad de La Meca (Makkab) hace que los dirigentes de estos pueblos se interesen en la geografía, geometría, astronomía y matemática. El panorama cambiante del desierto los obliga a considerar las estrellas para poder orientarse, para orar y para poder dirigir las caravanas de provisiones.

 

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Abdallah al-Khwarizmi (790-850).

 

         Son los árabes los primeros en darse cuenta que los planetas no se mueven por los epiciclos y deferentes de Ptolomeo. Durante siglos intentan conciliar el movimiento planetario con sus ecuaciones, circunstancia que los hace refinar cada vez más las mismas. Para el desarrollo de la matemática, jugó un papel preponderante al-Khwarizmi (790–850). Sus libros explicativos para la utilización de los numerales indios en el cálculo fueron profusamente utilizados en la Madrazas, las universidades árabes.

 

         Los grandes observatorios árabes: Damasco (700), Bagdad (829), Ar-Raqqa (900), Maragheh (1262) y Samarcanda (1428) requirieron de una buena cantidad de matemáticos y a partir de las observaciones que en ellas se realizaron se convencieron que algo no funcionaba en el modelo del mundo. Pero la circunstancia de no desembarazarse de sus preceptos religiosos no les permitió arribar a una nueva concepción del Universo.

        

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Ulugh-Beg (1393-1449). Reconstrucción del observatorio de Samarcanda.

 

         Ya con Ulugh-Beg (1393-1449) en el observatorio de Samarcanda, el más grande y el mejor equipado para la época, Ghiyath al-Kashi (1380-1429) le calculó 16 cifras decimales al número Pi.

 

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Nicolás Copérnico (1473-1543). Sistema Heliocéntrico.

 

         La mesa está servida para el despertar de la ciencia en occidente. 1.700 años después de Aristarco, y 600 después de los árabes, Nicolás Copérnico (1473-1543) plantea el modelo heliocéntrico del Universo. En el mismo, es el Sol y no la Tierra el centro del mundo. Conocedor de las profundas consecuencias que traerá ese conocimiento a los preceptos establecidos por la iglesia católica que había adoptado el modelo de Aristóteles y de Ptolomeo, no dio difusión a su obra. Es la intervención de Rético (1515-1574) lo que conduce a la publicación de De Revolutionibus. En su lecho de muerte, ciego y semiparalizado, Copérnico recibe de las manos de Rético, el primer volumen de su obra “Sobre las revoluciones de las esferas celestes”. Treinta y cinco años antes había escrito “Pequeño comentario” (1508) en donde esbozaba las líneas centrales de su modelo.

 

Mientras Copérnico escribe su obra, Magallanes (1480-1521) realiza el primer viaje de circunnavegación de la Tierra. Ya no existen dudas de que las conjeturas abordadas por los griegos son ciertas: la Tierra es redonda.

 

El modelo de Copérnico gana adeptos rápidamente. Los desplazamientos de los planetas se explican más fácilmente con el modelo heliocéntrico que con el geocéntrico. En pleno fragor de la disputa entre estos modelos, ocurren los estallidos de dos supernovas, que clavan una astilla en la yugular de la concepción Aristotélica-Ptolemaica de la inmutabilidad de los cielos: las supernovas de 1572 (Tycho) y de 1604 (Kepler) se convierten en dos acontecimientos difíciles de ignorar: la presencia de dos astros nuevos en el firmamento por más de un año y con brillo similar al planeta Venus, no pueden ser obviados.

 

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Hans Lippershey (1570-1619). Galileo Galilei (1564-1642).

 

El siglo XVII trae consigo las primeras evidencias de la certeza del modelo heliocéntrico. Un instrumento concebido para la guerra por el holandés Hans Lippershey (1570-1619), es usado por Galileo Galilei (1564-1642) para la ciencia. Con el telescopio, Galileo descubre las manchas en el Sol, las fases de Venus, las irregularidades de la Luna, los satélites en torno a Júpiter, y que las manchas nebulosas que se observan en el cielo, son también estrellas.

 

La “creación” adquiere una forma totalmente disímil a la del Sistema Solar. Copérnico no se había metido con el “círculo de las estrellas fijas”. Con el telescopio, se descubre que la inmensa banda lechosa, llamada la “rueda de Leche” por los griegos, es una inmensa disposición de estrellas en el firmamento.

 

Nuestra concepción del Universo se expande notablemente. Ahora no solo se circunscribe al Sistema Solar, sino que formamos parte de un descomunal conjunto que comienza a ser denomina “Galaxia”.

 

Inmediatamente los investigadores reparan en la Nube de Magallanes, llamada así ya que fue en 1520 cuando Antonio de Pigafetta la observó en el cielo durante la travesía de Magallanes, aunque existen registros escritos desde el año 964 por el astrónomo árabe al-Sufí. Y comenzaron a preguntarse si estas dos nebulosas, conjuntamente con la nebulosa en la constelación de Andrómeda serían también Galaxias.

 

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Pierre-Simon de Laplace (1749-1827)

 

Habrá que esperar 186 años, para que Pierre-Simon de Laplace (1749-1827) en 1796 postule su hipótesis sobre el sistema del mundo y conciba la idea de los “Universos-Islas”. Nuestra galaxia no es el Universo, es apenas un componente del mismo.

 

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William Parson, tercer Lord de Rosse (1800-1867). Leviatán hoy en día.

 

Tal idea gravita en las mentes de los científicos en el siglo XIX, hasta que William Parson (1800-1867), Lord Rosse, con su extraordinario telescopio, el Leviatán, descubre la naturaleza espiral de algunas nebulosas en 1845. El alargado mapa de la Vía Láctea dibujado por William Herschel (1738-1822) 62 años antes adquiere una especial significación: el Universo está plagado de galaxias.

 

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Dibujo de M51 (Lord Rosse). Fotografía de la galaxia.

 

Sin embargo, una cosa es pensar algo y otra, demostrarlo… a pesar del extraordinario desarrollo de los telescopios, todavía los científicos no cuentan con los instrumentos necesarios para poder medir y percibir el Universo en su contexto.

 

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Jacobus Kapteyn (1851-1922). Vesto Slipher (1875-1969).

 

Sin una concepción clara de Universo, se arriba al siglo XX. Por un lado, una parte importante de la comunidad científica considera a la Vía Láctea es todo el Universo, mientras que otra parte sostiene que la Vía Láctea es apenas un componente de los muchos que posee. En 1904, Jacobus Kapteyn (1851-1922) determina la rotación de la Vía Láctea midiendo los movimientos propios de las estrellas, tanto lejanas como cercanas. Inmediatamente se levanta una encendida discusión: las nebulosas espirales, evidentes sistemas en rotación, son también galaxias (Universos-Islas) y lo más probables es que sean sistemas similares a nuestra galaxia. En 1912, en medio de esta polémica, Vesto Slipher (1875-1969) haciendo uso del análisis espectral, mide el corrimiento al rojo de las líneas espectrales de la Nebulosa de Andrómeda y determina que se desplaza a 300 Km/s. Con tal velocidad, esta nebulosa no puede estar contenida en la Vía Láctea. Es evidente que es un sistema independiente de ella.

 

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Albert Einstein (1879-1955).

 

Para la segunda década del siglo pasado, la gran mayoría de los científicos pensaban que el Universo era estático. Entre ellos, se encontraba Albert Einstein (1879-1955). Al desarrollar su Teoría General de la Relatividad, sus ecuaciones de campo prefiguran un Universo en expansión o en contracción. Como asiduo creyente del Universo estático, Einstein incorporó una constante, llamada posteriormente Constante Cosmológica, de manera que el Universo se comportase como él creía.

 

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Willen de Sitter (1872-1934). Alexander Friedmann (1888-1925).

 

Sin embargo, en 1917 y 1922, Willen de Sitter (1872-1934) y Alexander Friedmann (1888-1925) desarrollan las ecuaciones de campo de la TGR y arriban a resultados similares: el Universo se encuentra en expansión. Tal conclusión refuerza la teoría del Átomo Primordial desarrollada por el astrónomo y sacerdote belga George Lemaitre (1894-1966) en 1927. Años después, esta teoría sería ridiculizada por el físico inglés Fred Hoyle (1915-2001) que la denominaría en forma burlona “la gran explosión” (o Big Bang), nombre con el que se conoce en la actualidad. Seis años después, en California, Einstein diría que este modelo es “la más bella y satisfactoria explicación sobre la creación, que he escuchado en mi vida".

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George Lemaitre (1894-1966). Fred Hoyle (1915-2001).

 

El desarrollo y construcción de grandes telescopios hace que los astrónomos mejoren sus observaciones y conducen a los estadounidenses Edwin Hubble (1889-1953) y Milton Humason (1891-1972) a demostrar la expansión del Universo, midiendo el corrimiento al rojo de las galaxias más alejadas. Hubble establece una tasa de expansión conocida con el nombre de velocidad de recesión, primero notablemente exagerada, del orden de 500 Km/s/MPc, pero el trabajo posterior de otros astrónomos fue reduciendo este valor. En la actualidad, gracias a la intervención de los observatorios espaciales WMAP (NASA) y Planck (ESA) ha sido medida en 71±4 Km/s/MPc.

 

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Edwin Hubble (1889-1953). Milton Humason (1891-1972).

 

El descubrimiento de la expansión del Universo le produce a Einstein un sinsabor. Él había introducido una constante para forzar sus resultados a sus creencias y ahora tenía que asumir estas consecuencias. Él escribe posteriormente que la constante cosmológica es “el mayor error de su vida…”.

 

Las observaciones de Hubble, seguidas posteriormente por Milton Humason (1891-1972) confirman que el Universo se encuentra en expansión, situación que provoca un cambio en el modelo conceptual del Universo.

 

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Fritz Zwicky (1898-1974). Cúmulo de galaxias de Coma Berenices.

 

Cuatro años después, en 1933, observaciones realizadas desde el observatorio de Monte Wilson, Estados Unidos, por el astrónomo suizo Fritz Zwicky (1898-1974) sobre el cúmulo de galaxia de Coma Berenices detecta que las galaxias del mismo, se comportan como si tuvieran una masa mayor a la visible. Soportándose en estas observaciones, sugiere la idea de la existencia de una materia no visible debido a que no sensibiliza los sensores eléctricos de que dispone. En sus escritos comienza a denominarla "Materia Oscura" y aunque pasarán algunos años antes de que estos escritos sean tomados en cuenta, Zwicky había dado la campanada a uno de los misterios que más inquieta a los astrofísicos en la actualidad, sobre la estructura y composición del Universo.

 

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George Gamow (1904-1968). Ralph Alpher (1921-2007), Hans Bethe (1906-2005).

 

En 1948 el físico y cosmólogo George Gamow (1904-1968) y su estudiante Ralph Alpher (1921-2007) produjeron un trabajo sobre el origen de los elementos a través de la nucleosíntesis en el origen del Universo. Gamow invita a formar parte del equipo a Hans Bethe (1906-2005), por lo que su trabajo lo denominaron el "Trabajo Alfa-Beta-Gamma" en referencia a la primera letra de sus apellidos y en clara alusión a las tres primeras letras del alfabeto griego. En el trabajo, además de dar una explicación satisfactoria sobre la formación de los elementos químicos a partir del Big Bang, predicen la existencia de una radiación de fondo, relicta del gran estallido, que sería la señal indiscutible del nacimiento del Universo.

 

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Arno Penzias y Robert Wilson.

 

Esta radiación fue captada en 1965 por los investigadores estadounidenses Arno Penzias (1933-) y Robert Wilson (1936-) mientras probaban una antena de alta ganancia para la recepción de señales. Esta radiación de microondas del fondo cósmico se midió como una energía de 3 Kelvin diseminada por todo el cosmos. Por este descubrimiento estos físicos recibieron el premio Nobel en 1978.

 

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David Wilkinson (1935-2002). Francesco Melchiorri (1940-2005).

 

 

Este fondo de radiación es isotrópico y los físicos la consideran el eco del gran estallido que generó el Universo. En 1981, los físicos David Wilkinson (1935-2002) y Francesco Melchiorri (1940-2005) predicen que este fondo cósmico debe radiar como el cuerpo negro desarrollado por Gustav Kirchhoff (1824-1887) en 1862 y Max Planck (1858-1947) en 1900.

 

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Gustav Kirchhoff (1824-1887). Max Planck (1858-1947).

 

Sin embargo, esta radiación de fondo no será totalmente isotrópica, tendrá variaciones muy sutiles, producto de la falta de homogeneidad en la distribución original de la materia.

 

Habrá que esperar una década para que la ciencia conciba los instrumentos necesarios para realizar mediciones mucho más precisas de esta radiación. En 1989, la NASA lanza el Explorador de Fondo Cósmico, COBE.

 

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Fluctuaciones del fondo cósmico, obtenidas por el COBE. Crédito: NASA.

 

El COBE trabaja por cuatro años y construye una visión del cosmos que soporta el modelo del Big Bang. La radiación del fondo cósmico de microondas tiene una temperatura de 2,73 K y fluctuaciones del orden de 1/100.000.

 

Los observatorios cosmológicos lanzados posteriormente, el WMAP (Wilkinson Microwave Anisotropy Probe) en el 2001 y el Planck, en el 2009, corroboran los resultados obtenidos por el COBE.

 

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Fondo cósmico del WMAP. Crédito: NASA.

 

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Entre las conclusiones más importantes que se extraen de las observaciones de estos observatorios espaciales se encuentran que el  Universo tiene una edad de 13.700±200 millones de años, está constituido por un 4,9 % de materia bariónica, 26,8% de materia oscura y 68,3% de energía oscura; se verifica que el Universo fue sometido a un intenso proceso inflacionario, tal y como lo conjeturaron Alan Guth, Andrei Linde y Alexei Starobinsky en 1980 y se determina que la geometría del Universo es plana, es decir, la propagación de los haces de luz siguen una línea recta.

 

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En los premios Kavli 2014. Destinatarios, de izquierda a derecha, Alan Guth, Andrei Linde y Alexei Starobinsky. - Premio Kavli 2014.

 

Dos estudios independientes, Supernova Cosmology (1998) con Saul Pelmutter como líder del mismo, y Supernova Legacy Survey (2003) concluyen que el Universo se está expandiendo de manera acelerada. Para muchos físicos es la prueba irrefutable de la existencia de la energía oscura. Ahora resulta que el “mayor error de su vida” de Einstein se constituye en el basamento físico-matemático de esta aceleración. La Constante Cosmológica de Einstein recobra su vitalidad perdida.

 

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Saul Pelmutter, Adam Riess y Brian Schmidt, galardonados con el premio Shaw de astronomía (2006) y Nobel de Física (2011).

 

En el año 2008, el observatorio europeo de rayos X, el XMM-Newton, descubre una intrincada red de filamentos de hidrógeno entre las galaxias. 

 

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Filamentos de hidrógeno entre las galaxias.

 

Haciendo uso de los mayores estudios realizados por los astrónomos a la fecha, el SDSS (Sloan Digital Sky Survey) y el 2MASS (Two Micron All-Sky Survey), los astrofísicos construyeron una visión del Universo que nos es sensible. En el mismo, una compleja red de cúmulos galácticos se entrelaza, tejiendo una extraordinaria red, con regiones profusamente pobladas de objetos y otras, con una notable ausencia de ellas. Tales zonas comienzan a ser denominadas Voids (vacíos).

 

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  Este es nuestro modelo del Universo. Tal vez sea nuestro “cocodrilo” o nuestra “tortuga”, pero a diferencia de sus predecesores, tras de sí hay milenios de experiencia humana. Sólo los futuros estudios serán los encargados de modificar o reafirmar nuestra actual percepción del Universo.