Un nuevo enigma en el Sistema Solar        

Por Jesús A. Guerrero Ordáz.

Asociación Larense de Astronomía, ALDA.

Sin duda alguna, a medida que más penetramos en los confines de nuestro sistema planetario, mayores sorpresas nos encontramos, lo que hace muy promisorio los años por venir en esta disciplina: no sólo estamos discutiendo sobre la naturaleza y estructura de nuestro Sistema Solar, sino que se están encontrando evidencias que golpean teorías y concepciones que estaban muy cimentadas en el pensamiento científico de los astrónomos planetarios.     

Tal es el caso del origen de los cometas. Los astrónomos habían establecido que los cometas de largo período, aquellos que se acercan al Sol y más nunca se les vuelve a ver, tienen su origen en la Nube de Oort, inmensa nube que rodea el Sol y que fue predicha por el astrónomo Jan Oort, del cual obtiene su nombre, mientras que los cometas de corto período, aquellos que aparecen varias veces, como el Halley, tienen su origen en el Cinturón Kuiper (por Gerald Kuiper), una banda de objetos helados que representan los remanentes de la formación planetaria y que se encuentra más allá de la órbita de Neptuno.

El hecho es que haciendo un análisis de la cantidad de cometas de corto período que se han logrado observar y una extrapolación de la cantidad de objetos de gran tamaño que se han descubierto en el Cinturón Kuiper, se hizo una estimación de objetos (posibles cometas) que se encontrarían en determinada zona del confín planetario.

La estimación arrojó la cifra de unos 50 objetos con diámetro cercano a los 16 kilómetros. Un barrido realizado por el telescopio espacial Hubble en los meses de enero y febrero del año 2002, produjo el descubrimiento de 3 objetos con tamaños  entre 25 y 45 kilómetros. Estos objetos fueron descubiertos de manera casi instantánea por el equipo de astrónomos liderizados por Gary Bernstein (Universidad de Pennsylvania). Si bien el rango de tamaño es superior al esperado, análisis posteriores en los meses siguientes, no produjo ningún otro descubrimiento.

Este déficit de objetos deja a los astrónomos con un gran enigma: Si el Cinturón Kuiper no contiene suficientes objetos para explicar los cometas que  vemos, entonces ¿De dónde provienen? 

Una posible respuesta es que los cometas sean más pequeños de lo que inicialmente se había supuesto. Esto se apoya en la circunstancia que se hace extremadamente difícil medir el tamaño de sus núcleos encerrados profundamente en sus brillantes comas de polvo. Hasta ahora, sólo un pequeño grupo de cometas ha sido medido en forma directa. Si los cometas son más pequeños de lo que se piensa, la cantidad de objetos encontrados puede ser suficiente. Pero en palabras de la astrónoma Renu Malhotra, miembro del equipo "se puede manejar cualquier parámetro para cubrir el déficit".

Este nuevo enigma, sin duda, conducirá a estudios más detallados que nos permitirán desentrañar algunas de estas nuevas dudas surgidas de los últimos hallazgos de nuestra casa planetaria.